«Hace unas semanas aquí había quien decía que era como una gripe, no se daban cuenta de la magnitud de esto»

Mirian Velay y Héctor Gómez están casados y son profesores de ingeniería en Indiana (Estados Unidos). Empezaron la cuarentena diez días antes de que fuese obligatoria, y dan clases desde casa

Miriam Velay-Lizancos y su marido y Héctor Gómez, profesores de ingeniería en Indiana.
Miriam Velay-Lizancos y su marido y Héctor Gómez, profesores de ingeniería en Indiana.

Redacción / La Voz

La incidencia del coronavirus no para de crecer en Estados Unidos, pero hay enormes diferencias por territorios en un país tan grande, de más de 325 millones de habitantes en algo más de 9 millones de kilómetros cuadrados. Uno de esos muchos lugares con sus propias especificidades es Indiana (6,6 millones de residentes), estado situado entre Illinois y Ohio. Muy cerca, por ejemplo, de Chicago. Aquí vive el matrimonio formado por Mirian Velay Lizancos, de Fisterra (1987) y Héctor Gómez, de Monforte (1980). Ella es profesora de Ingeniería Civil en la Purdue University, esa en la que estudiaron muchos astronautas, entre ellos Neil Armstrong. Mirian, y su grupo de investigación (Velay Research Group) trabajan en nuevos materiales más sostenibles que reduzcan el impacto ambiental de las construcciones, así como nuevas técnicas de investigación de ingeniera forense, y también estudia cómo crear materiales multifuncionales y diseñar materiales para futura construcción espacial (en la Luna y Marte, por ejemplo).

Y Héctor también es profesor. En concreto, en Ingeniería Mecánica, en Purdue. Es conocido por su investigación sobre modelos computacionales para predecir la evolución de tumores cancerígenos, y también es experto en mecánica computacional, en métodos phase-field, biomecánica y fluido multifásico. Su trabajo ha sido reconocido con múltiples premios, entre ellos, el Premio Princesa de Girona y la medalla Gallagher.

Ahí están ahora los dos (ambos estudiaron Caminos en la Universidade da Coruña, donde también realizaron el doctorado), viviendo en West Lafayette, donde está el campus principal de Purdue. Y viviendo en su casa la cuarentena: «Hace unas semanas había mucha gente aquí que aún no se daba cuenta de la magnitud de esto, de hecho escuché a más de una persona decir que era como una gripe… Y yo me escandalizaba al ver que exactamente se repetían los mismos pasos que en Europa, y que la gente tardaba lo mismo en darse cuenta… Hasta que está cerca, mucha gente no lo ve, o no lo quiere ver», explica Mirian.

Y eso que, en su caso, la situación está controlada, nada que ver con otras zonas: «Por aquí la cosa aún está tranquila, los lugares que lo están sufriendo más son Nueva York, New Jersey y California. En el interior está más controlado. Al menos, en Indiana. Quizás debido a que USA está sufriendo brotes muy grandes en las costas, algunos estados del interior como Indiana han tomado medidas antes de que la situación fuese tan crítica como en las cosas. Otros siguen sin imponer órdenes de quedarse en casa. En Indiana estamos en una situación privilegiada, aunque el número empieza a crecer y ya hay 5.500 casos. Pero espero que esto no preocupe a mi familia, hay que tener en cuenta que Indiana tiene 6.7 millones de habitantes, aproximadamente los mismos que Madrid, donde hay más de 40,000 casos confirmados». 

Vistas de la urbanización en la que residen.
Vistas de la urbanización en la que residen.

Ahora, todo está cerrado excepto tiendas de alimentación, hospitales, gasolineras y negocios que se consideren de esenciales. La stay-at-home order, es decir, la orden de cuarentena, comenzó en Indiana el 23 de marzo. «Pero Héctor y yo decidimos empezar una cuarentena voluntaria ya el día 13, que fue el último día de clases presenciales en la universidad. Ese día aquí empezaba lo que llaman el spring break, las vacaciones de primavera. Purdue decidió que una vez terminadas las vacaciones las clases serian online. Por tanto, desde el 13 tuvimos la suerte de poder empezar la cuarentena voluntaria y así lo hicimos, cuando en Indiana había menos de 20 casos confirmados. Pese a que teníamos permitido ir a hacer investigación a la facultad, decidimos trasladar nuestros despachos a nuestra casa y no salir. También pedimos a los estudiantes de doctorado de nuestro grupo  que no volviesen a la oficina y trabajasen desde casa para protegerlos y para proteger a la comunidad en general. Ya que tenemos la suerte de poder tomar esa decisión, por supuesto, la tomamos», señala la ingeniera. Justamente sobre el equipo académico, explica: «No tenemos de que quejarnos. Tenemos unos grupos de investigación estupendos en los que, por cierto, hay varios estudiantes de doctorado gallegos; proyectos de investigación interesantes, y el ambiente es muy bueno. Por supuesto se echa de menos a la familia, la comida, nuestra tierra… Pero pasamos bastante tiempo allí de visita, y también recibimos la visita de muchos familiares y amigos a lo largo del año, por lo que la distancia y la espera se hacen más cortas».  

En cuanto al día a día, lo llevan sin problemas: «Intentamos mantener la misma rutina que teníamos antes, pero sin salir de casa. Es decir, los mismos horarios de trabajo, de comer, etcétera. Eso ayuda. Y estamos en constante contacto con la familia. Nuestra preocupación está allí. Por ahora estamos todos bien, tanto aquí como allí, pero para seguir así hay que seguir en cuarentena y no confiarnos. Aún queda un camino por recorrer», señala esta profesora fisterrana. 

Lo de no salir de casa implica comprar todo por la Red: «En cuanto a los alimentos, compramos todo por Internet en la web de supermercados locales. Lo que se echa en falta es poco… A veces no hay todo el agua mineral natural que te gustaría comprar, al principio no había harina, ahora vuelve a haber, pero no la que más nos gusta para hacer el pan. Lo que no encuentras son guantes o mascarillas, pero realmente no salimos de casa, por lo que no los echamos en falta. También es difícil encontrar toallitas desinfectantes o algunos desinfectantes en particular, pero por ahora tenemos de todo». Hay un proceso a la hora de recibir los pedidos: «Cuando llega la compra, saludamos desde la ventana cerrada, y cuando se va el repartidor esperamos una hora (salvo que haya congelados), después salimos a la puerta, ponemos todo para dentro y quitamos todas las bolsas y embalajes y los tiramos inmediatamente en el cubo de la basura del garaje. Nos lavamos las manos, y después desinfectamos todo con agua y jabón, y a lo que se puede, lo rociamos también con espray desinfectante. Puede parecer exagerado, pero no lo es ».

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«Hace unas semanas aquí había quien decía que era como una gripe, no se daban cuenta de la magnitud de esto»