Científicos detectan un inesperado y peligroso agujero en la capa de ozono en el hemisferio norte

Los investigadores no descartan que se desplace a partir del mes de abril a las latitudes medias y que pueda provocar quemaduras en la piel


Por si la crisis del coronavirus no fuera suficiente, la comunidad científica acaba de detectar un fenómeno inédito en el hemisferio norte que podría tener efectos perjudiciales en la salud de las personas a corto plazo. En estos momentos, todo el mundo sueña con que termine la pesadilla del confinamiento para poder salir de sus casas, respirar aire fresco y absorber cada rayo de sol primaveral. Sin embargo, parece que tras el enclaustramiento habrá que tomar serias precauciones frente al astro rey porque se ha detectado un agujero en la capa de ozono, el escudo frente a la peligrosa radiación ultravioleta.

En los años 80 se observó que la presencia del gas ozono estaba disminuyendo debido a la emisión de CFCs (clorofluorocarbonos) asociada a la fabricación de ciertos materiales, como refrigeradores. El deterioro representaba una amenaza muy seria para la vida. La reacción fue inmediata, contundente y global. En 1987 se aprobó el protocolo de Montreal, que sigue siendo un ejemplo de cooperación internacional. El acuerdo prohibió cualquier actividad contaminante y desde entonces ha estado recuperándose poco a poco.

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1987, los héroes de Montreal Hace justo 30 años un grupo de políticos y científicos se reunieron para hacer frente al problema más grave que ha afrontado la humanidad y que ponía en riesgo la vida en la Tierra.

El agujero siempre ha tenido mayores dimensiones e impacto sobre la salud en el Polo Sur. Los científicos han descubierto que las bajas temperaturas favorecen la erosión de este gas situado en la estratosfera, entre los 50 y 80 kilómetros de altura. En el invierno austral el vórtice polar antártico produce temperaturas de hasta 80 grados bajo cero. En condiciones normales, en la alta atmósfera no existe una cubierta de nubes.

Sin embargo, en el hemisferio sur se ha detectado que el frío extremo genera un tipo de nube conocida como estratosférica polar, formada por partículas químicas congeladas, que aceleran la destrucción del ozono. En la Antártida el agujero es un fenómeno estacional pero ha estado recuperándose durante las últimas décadas. Este año incluso ha sido más pequeño de lo esperado debido a un calentamiento súbito de la estratosfera, un evento más habitual del hemisferio boreal. 

Lo que la ciencia no esperaba en absoluto es que se observase un agujero en el Polo Norte. Esta semana la revista Nature ha publicado un artículo en el que se explica que la configuración del vórtice polar sobre el Ártico durante el pasado invierno ha provocado que formase este tipo de nubosidad estratosférica que destruye el ozono. «Había más aire frío sobre el Ártico que en cualquier invierno registrado desde 1979» aseguró Markus Rex, investigador del Instituto Alfred Wegener en Potsdam, Alemania y uno de los autores del trabajo. La pérdida de ozono registrada ha sido muy notable. Los globos meteorológicos enviados a la alta atmósfera midieron alrededor de 0.3 parter por millón cuando los valores habituales suelen 3,5 ppm. «Esto puede estar relacionado con la circulación tan zonal de la corriente en chorro, responsable del febrero histórico por lo cálido en Galicia y en general en la Península mientras en las islas británicas no dejaban de sufrir potentes temporales, alguno de ellos también histórico por las muy bajas presiones de las borrascas. Es probable que esto tenga que ver con una gran confinamiento del aire en la parte estratosférica polar que haya facilitado esa destrucción del ozono. Hay que estar atentos a ver cómo evoluciona», reconoce el meteorólogo Juan Taboada. 

Los científicos aseguran que ahora mismo están tratando de recopilar toda la información posible sobre este fenómeno inesperado y que las próximas semanas serán cruciales para ver cómo evoluciona. No descartan que en abril ese agujero se desplace del extremo norte a las latitudes medias, a regiones más pobladas «en cuyo caso las personas podrían necesitar aplicar protector solar para evitar quemaduras», advierte Rex. «Todo hubiese sido muy peor si no se hubiesen tomado medidas en 1987», añade. A medida que avanza la primavera, el Sol está cada más alto sobre el horizonte y aumenta progresivamente la radiación ultravioleta. 

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