Una gallega en China: «No tengo ninguna intención de irme»

Reside en Shanghái y no sale de casa sin mascarilla, pero no tiene miedo. Así vive el brote de coronavirus


redacción / la voz

Alejandra Carreira González tiene 23 años y, desde hace año y medio, China es su hogar. Esta bioquímica recaló primero en Pekín para estudiar un máster que, este año, la ha llevado hasta un laboratorio de Shanghái. Allí está viviendo el brote de coronavirus.

«A día de hoy, si vas a un supermercado no hay ni verdura. Lo único que puedes comprar es la típica comida prefabricada. Nada fresco», cuenta. Al virus hay que añadir las vacaciones por el Año Nuevo chino. «Antes de que explotase todo el tema del coronavirus ya me habían adelantado que la ciudad iba a estar desierta. Hasta me habían dicho que comprara comida para toda la semana. A todo esto se ha sumado la alerta», cuenta desde su casa en la ciudad más poblada de China. «La noticia me pilló en Hangzhou. Una localidad que está entre Wuhan y Shanghái. Ese día todo cambió. En mi empresa me dijeron que no volviera al trabajo en dos semanas. Quieren que pase un posible período de incubación por si me contagié durante el viaje», relata totalmente tranquila. «Fui al laboratorio para recoger mi ordenador, pasé por la garita de seguridad y me di cuenta de que alguien me estaba persiguiendo. Llegó un hombre y me midió la temperatura con un termómetro con el que ni siquiera me tuvo que tocar la frente. Como no tenía fiebre pude pasar».

No se plantea volver a Galicia durante estas vacaciones improvisadas. «Pensé en irme unos días a Camboya o Vietnam, pero lo he descartado. Están comenzando a sitiar la ciudad. Muchas autopistas están cortadas y cada vez son más las compañías que han cancelado los vuelos», dice. «Volví a casa en Navidad. Si esto hubiera estallado antes, me hubiera quedado un tiempo más», reconoce. Por ahora, no tiene pensado volver. «En principio, no tengo ninguna intención de irme». Eso sí, no sale a la calle sin protección. «Aquí todo el mundo va con mascarilla a todos lados, yo incluida. Están completamente agotadas. Es imposible conseguirlas. Cuando coges un DiDi (el Uber chino) te envían un mensaje recordándote que tienes que llevarla puesta», cuenta Alejandra.

«Me asusta un poco el momento en el que terminen las vacaciones y la gente vuelva. Esto se va a llenar de personas que han estado en la zona de Hubei. Otra de las cosas que me comienza a preocupar es que estoy viendo cómo muchas universidades están retirando las becas a la gente de aquí. A un amigo mío colombiano que estaba estudiando teatro con una beca muy prestigiosa de la Universidad de California, se la han cortado este mes porque quieren que se vuelva», comenta. «Por ejemplo, en la residencia donde yo estudiaba en Pekín les obligan a medirse la temperatura una vez al día y les han dicho que si salen de allí no podrán regresar».

Aún así cree que la situación se está dramatizando en Europa y asegura que, tanto el Gobierno como los ciudadanos chinos, han reaccionado bien. «Se han quedado con la fama del SARS, pero han aprendido. Además, hay que tener en cuenta la relación entre el número de afectados y la población. No es lo mismo 1.000 contagiados en A Coruña, que 1.000 en una ciudad de 26 millones de habitantes. El porcentaje de muertes también es bajo», reflexiona. «Seguiré extremando las precauciones, pero poniéndonos en el caso de que me contagiara, es una gripe fuerte. No creo que sea para tanto», dice.

«Con la gripe A Galicia sí que vivió una auténtica locura con las mascarillas»

r. romar

Repunta la venta de protectores por el coronavirus, pero muy lejos de lo que pasa en Madrid

Ni alarma, ni pánico, ni histeria. Como mucho, una sensata preocupación ante lo desconocido. A diferencia de lo que ha ocurrido en Madrid o Valencia, los gallegos no han salido en avalancha a las farmacias para comprar mascarillas contra las que protegerse de una hipotética llegada a España del coronavirus surgido en la ciudad china de Wuhan y que se ha extendido por 15 países.

Es cierto que la demanda es mayor, que en algunas farmacias se han agotado y que existen en determinados puntos problemas de distribución, pero eso no significa en absoluto que las ventas del protector se hayan disparado. Lo que ocurre es que la demanda habitual es tan baja que el simple hecho de que se pida una cantidad un poco mayor de lo habitual ya puede producir un problema de desabastecimiento parcial.

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