¿Qué llegarías a hacer por un «like»?

Andrea Presedo
andrea presedo REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

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Los expertos alertan: los adolescentes abusan del móvil; de media lo consultan cada siete minutos

15 jul 2019 . Actualizado a las 20:24 h.

Marta (nombre ficticio) acostumbra a llevar a su hijo pequeño al parque para que juegue con el resto de niños. Mientras él se sube y baja del tobogán, aprovecha para consultar su Facebook. «Será solo un minuto», piensa. Pero el tiempo vuela y termina una hora seguida pegada a la pantalla de su teléfono móvil. Sesenta minutos en los que pierde de vista a su hijo, que desaparece del parque. Puede parecer una situación disparatada, pero lo cierto es que es un caso real. «Afortunadamente lo encontró muy rápido, pero se llevó un buen susto. Fue cuando se dio cuenta que de verdad tenía un problema». Así lo cuenta Antonio Tova de Llano, psicólogo coruñés especialista en adicciones a redes sociales. «He tenido pacientes que por conseguir likes habrían hecho verdaderas barbaridades, como subir fotografías desnudos», cuenta.

Según datos del Gobierno, que incluyó el año pasado las adicciones a las nuevas tecnologías en el Plan Nacional de Adicciones, el 18 % de los menores entre 14 y 18 años hacen un uso compulsivo de las nuevas tecnologías y, además, un 9,8 % reconocen haber apostado dinero en un juego de redes sociales. «Se está dejando de hacer cosas cotidianas por consultar los perfiles de Internet», añade Tova.

Por su parte, Joaquín-González Cabrera, investigador de ciberpsicología de la Unir, no considera estos comportamientos como una adicción. La nomofobia, que es el término técnico, la describe como un trastorno de ansiedad ante la desconexión del teléfono móvil. «Los adolescentes están prefiriendo lo on-line a lo off-line», explica. Esto genera «problemas de narcisismo que nunca antes habían existido, porque ahora vivimos proyectados hacia fuera. La gente hace cosas innombrables solo por conseguir un like», comenta el investigador. Pone de ejemplo uno de los últimos «challenges», en el que te intercambias con un compañero el teléfono móvil durante unas horas. «Durante ese tiempo puedes suplantar la identidad del otro, ver sus fotografías, acceder a su WhatsApp y compartir su información... ¿En qué cabeza cabe la violación severa de la privacidad por un reto que no tiene ningún sentido? Imagina que en él tienes una foto ligera de ropa. Esa persona podría reenviarla y comenzaría un proceso de sexting», reflexiona.