Miguel Otero: «O polbo é un prato dos mellores»

La captura del pulpo con raña fue un arte de pesca artesanal con la que faenaban cientos de personas en la ría de Pontevedra. Hoy solo queda su recuerdo en fotos antiguas y en la memoria de los últimos polbeiros

Miguel Otero, en el puerto de Bueu, rodeado de nasas, el sistema que sustituyó a la raña. r. leiro
Miguel Otero, en el puerto de Bueu, rodeado de nasas, el sistema que sustituyó a la raña. r. leiro

Pontevedra / La Voz

Santiago Miguel Otero Estévez (Bueu, 1929) trabajó toda su vida en el mar y, aunque jubilado desde hace años, es uno de los últimos polbeiros que faenaban con raña que queda en Galicia. Procede de una familia de tradición marinera en la parroquia de Beluso, y es hijo y nieto de gentes del mar. Como muchos gallegos de aquellos años, tuvo que dejar la escuela cuando era un niño y compaginar el trabajo en la ría y la atención en tierra del ganado -ovejas y vacas-. «A miña profesión, por desgraza, foi andar ao mar aos polbos e na labranza a coidar as vacas e as ovellas. Esa foi a carreira que tiven», relata pensativo.

A sus 90 años recién cumplidos, y con una mente que no ha nublado la edad, Miguel recuerda sus comienzos a bordo de una dorna polbeira de madera, con su padre, Vicente Otero Cerviño, que fue quien lo introdujo en el trabajo del mar. Faenaban en la ría de Aldán y la Costa da Vela. La vida no era fácil, pero no había otro remedio y la raña era un arte de subsistencia.

Ellos mismos la fabricaban. Utilizaban «unha pedra do tamaño dunha cunca, á que lle faciamos un rego para poñer un pau que se amarraba cun arame, e no extremo do pau levaba un fío ata o bote». El alambre, doblado, servía de soporte del cebo, habitualmente cangrejo; a continuación, lanzaban todo al mar. El objetivo era que el pulpo, al ver la carnaza, se agarrase a la piedra y que los marineros desde el bote, al notar un peso excesivo de la raña, la tirasen para arriba, capturando así al animal. Era un trabajo fatigoso, pues debían capturarse uno a uno. «Viña un e ao caldeiro, e así con todos», precisa Miguel. Cada jornada laboral ocupaba, «de media, desde as oito da mañá ás tres da tarde».

En Bueu había muchos polbeiros de raña. Las capturas se colocaban en cubetas para su venta. Era un trabajo duro y que compensaba poco, pero no había otra cosa. «Os polbos ían gordos, e non valían un pataco», recuerda Miguel, quien muestra su satisfacción por que ahora el cefalópodo sí tenga valor. «Agora é un artigo de luxo», recalca. En su juventud el cefalópodo era parte relevante de la dieta de las familias con pocos recursos: señala, por ejemplo, que en su casa se quedaban con los más pequeños, que no tenían tamaño comercial, y los cocían. «E cando estabamos a traballar no campo merendabamos unhas tapas de polbo pequeno picado e con cebola».

Los años fueron pasando y Miguel siguió ligado a la pesca con raña. Ya casado con Rosario Rosas a los 23 años, pasó a trabajar para su suegro, Manuel Rosas, que «como polbeiro era fino, era de primeira», describe. De él aprendió a perfeccionar su estilo de pesca y, cuando muchos barcos dejaron la raña para adoptar las nasas, él se resistió. Se encontraba cómodo con esa arte y no la abandonó. «Eu nunca traballei con nasas», puntualiza.

«O polbo é un prato dos mellores, gústame de calquera maneira», añade. Eso sí, quedó hastiado de su vida profesional en la ría. «Desde que me retirei con sesenta e pico anos non pisei máis o mar. Estou farto del». Del mar sí, pero no del pulpo, un plato que sigue siendo su pasión gastronómica.

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