La nueva vida de Lorena Bobbitt

La serie documental «Lorena», de Amazon Prime, analiza el caso de la joven maltratada que cortó el pene de su marido en 1993


madrid / colpisa

Ocurrió en la madrugada del 23 de junio de 1993, en Manassas, Virginia. Lorena, una joven de origen ecuatoriano, acudía a la cocina a servirse un vaso de agua. A oscuras, con la luz del frigorífico como única iluminación de la estancia, se detuvo en el cuchillo de veinte centímetros que reposaba sobre la encimera. Lo siguiente es ya historia. Entró en la habitación donde dormía su esposo, John Bobbit, y, sin atisbo de duda -describirían el corte después como quirúrgico-, le cercenó el pene. Veinticinco años después, una serie documental titulada Lorena y producida por Jordan Peele, el responsable de la más que entretenida Déjame salir, analiza este suceso que conmocionó a la sociedad estadounidense y mundial, y que contribuyó a dar más visibilidad a un problema hasta entonces ignorado: el de la violencia machista.

Porque sí, detrás de la noche de autos se escondía un caso reiterado de malos tratos y abusos sexuales, que duraba ya cuatro años, una tesis a la que el documental se dirige no sin plantear ciertas dudas por el camino. Dividida en cuatro episodios, la serie comienza con una imagen impactante: la de Lorena Bobbitt, ya en la actualidad, tratando de aguantarse la risa cuando el cómico Steve Harvey le pregunta por qué después de practicar la cirugía se llevó tamaño trofeo a otro municipio y lo arrojó por la ventanilla del coche. Es el punto de partida para reconstruir lo que aconteció aquella madrugada en base a varias entrevistas con los oficiales de Policía que se hicieron cargo del caso -no figura el que, dicen, pisó el apéndice mientras rebuscaban en una zona ajardinada- y los cirujanos que reconstruyeron, con éxito, el miembro amputado.

A partir de ahí, el documental recoge los dos juicios en los que litigaron marido y mujer. El primero, a partir de una denuncia interpuesta por Lorena en la que lo acusaba de violarla aquella misma noche. Sin apenas pruebas -solo habían recogido esperma en las muestras obtenidas- y en un momento en el que los abusos dentro del matrimonio solo se tenían en cuenta si la agresión provocaba un daño fisiológico permanente, el veredicto fue no culpable. Ni que decir tiene que las primeras declaraciones de una aturdida Lorena en la comisaría, «él siempre llega al orgasmo y a mí me deja a medias», tampoco ayudaron. En el segundo juicio, este ya televisado, Lorena era la acusada. La defensa apostó por un argumento: una demencia temporal y un impulso irresistible debidos a un trastorno mental causado por los meses de malos tratos y abusos sexuales -su relato sobre la última violación, entre lágrimas, resulta espeluznante-. Varias denuncias anteriores y numerosos testigos entre vecinos, familiares y clientas del salón de uñas donde trabajaba corroboraron esta historia y llevaron al jurado a emitir el veredicto de no culpable.

Más allá del proceso judicial, el documental resulta fascinante porque traza paralelismos con la ausencia de leyes contra la violencia de género que existía entonces y porque se detiene en todo el fenómeno que suscitó un caso que acaparó portadas y horas de televisión. Tenía su lógica: la historia y sus protagonistas, una inmigrante latinoamericana y un cabo del Ejército, bien parecidos, resultaban más que atractivas. Por primera vez, la CNN competía con la prensa amarilla por el mismo caso y John y Lorena se adentraban en el mundo del famoseo, ofreciendo entrevistas en las que la hilaridad en torno a lo ocurrido siempre estaba presente. No en vano, el suceso fue material para camisetas con el lema Cortando por lo sano, que los más avezados vendieron a las puertas del juzgado, y para monologuistas como Whoppi Goldberg. «Habría sido gracioso ver el pene en el cartón de la leche cuando lo estaban buscando», llega a decir el propio John.

El final revela qué ha sido de ellos. John se adentró en el mundo del porno, con una primera cinta Uncut, para demostrar que funcionaba, y una segunda película, Frankenpenis, fruto de un alargamiento de pene que convirtió su miembro en un «monstruo». Por el camino, más denuncias de abuso y una condena de prisión de más de un año. Lorena, en cambio, logró rehacer su vida, contando su caso y apoyando a otras víctimas, y se encuentra felizmente casada. John no ha dejado de enviarle cartas e incluso le dice que podrían ganar mucho dinero si se unen y tienen un hijo. «Sería una prueba de que el amor todo lo puede», dice. El amor mal entendido, claro.

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