Si eres mujer, aquí no entras

Decenas de lugares en el mundo prohíben la entrada a la población femenina por motivos religiosos o antiguas costumbres

La entrada de las mujeres en el templo de Sabarimala sigue desencadenando protestas
La entrada de las mujeres en el templo de Sabarimala sigue desencadenando protestas

redacción / la voz

Si eres mujer y tienes entre 10 y 50 años no puedes entrar en el templo hindú de Sabarimala, en la India. En esa religión, las mujeres que tienen la menstruación se consideran impuras. Hace unos días dos de ellas entraron por primera vez, amparadas por un fallo judicial que defiende sus derechos, y abrieron la caja de los truenos, provocando manifestaciones y disturbios.

La igualdad de género sigue siendo una carrera de obstáculos que promete muchos tropiezos. La religión es todavía una de las principales razones por las que se excluye a las mujeres de algunos lugares en el mundo. Además de los templos de la India, también en Japón hay sitios exclusivos para los hombres, como la isla de Okinoshima, un lugar sagrado, igual que la montaña Omine, patrimonio de la humanidad. Algo más cerca, en Grecia, está el monte Athos, un centro espiritual enclavado en la costa del mar Egeo. Allí las mujeres no pueden acercarse a 500 metros de su orilla. Y tampoco los animales que sean hembras, salvo las gatas, para cumplir su cometido con los ratones. También por motivos religiosos está prohibido el acceso de mujeres a la playa de Itsandra-Mdjini, en las islas Comores. Curiosamente, existe en África un lugar prohibido a los hombres, el pueblo de Umoja. Pero el motivo es muy distinto. Fue fundado en 1990 por un grupo de 15 mujeres supervivientes de violaciones de soldados británicos. En la actualidad, acoge también a mujeres que huyen de matrimonios concertados, violencia doméstica, mutilación genital y abusos sexuales.

Antonio Izquierdo, catedrático de Socioloxía de la UDC, explica que en el caso de la India, donde ahora mismo hierve la polémica, «las mujeres están diciendo claramente ‘‘esto no nos convence’’, y si es así no hay vuelta de hoja ni discusión». En general, el experto cree que este tipo de situaciones hay que valorarlas desde una base común, la de los derechos humanos. «Esa es una base de la que estamos seguros -asegura-, una declaración universal en la que siempre podemos apoyarnos porque ha surgido en diferentes contextos culturales. Eso no implica que seamos homogéneos, pero sí que seamos respetuosos».

Izquierdo explica que este respeto implica no pontificar sin conocer a fondo muchas de las situaciones de las que se hablan, pero siempre teniendo en cuenta que tiene que quedar fuera «todo lo que atente contra la igualdad del hombre y de la mujer, y en general de todos los seres humanos, que tendríamos que tener acceso a los mismos puestos de trabajo, a los mismos recintos feriales o a lo que fuera». A su juicio, que avancemos no siempre quiere decir que sea hacia donde nosotros queremos. Pero, ante todo, el sociólogo apuesta por el diálogo de criterios más que por la imposición. «Cuando nos preguntamos por qué siguen pasando estas cosas debemos hacerlo desde el respeto a las diferencias y tratando de entenderlas. No actuando como una tribu en la que desconocemos lo demás y solo estamos de acuerdo con los nuestros».

Los clubes ingleses, «txokos» y «kafeníos», ¿en vías de extinción?

Dicen que son herencia de la época romana, donde los hombres se reunían en las termas. Los clubes para hombres vivieron su máximo apogeo en Londres a partir del siglo XVIII. Aunque muchos los consideran ya en vías de extinción, lo cierto es que aún existen, y en alguno de ellos sus socios siguen empeñados en prohibir la entrada a las mujeres. Recientemente, una periodista se hizo pasar por camarera para entrar en uno de estos recintos y denunció el trato denigrante por parte de los socios hacia las trabajadoras, que eran objeto de acoso sexual.

En Grecia, el equivalente a los clubs masculinos son los kafeníos, locales dispersos por los pueblos pequeños, vetados a las mujeres y donde los hombres se reunían para tomar café y charlar de temas variados. Todavía quedan algunos, aunque ya no en las grandes ciudades. En España, lo más parecido son los txokos, las sociedades gastronómicas vascas en las que, según los últimos datos, se sigue prohibiendo la entrada a las mujeres en el 60 % de los casos.

La polémica sobre la restricción del acceso a las mujeres a ciertos recintos ha llegado también a los deportes. Este año, por ejemplo, el partido entre el Juventus y el Milan de la Supercopa de Italia se celebra en Arabia Saudí, y el estadio se ha dividido por zonas según el sexo. Las mujeres tendrán que ir acompañadas por un hombre y se les reservan las plazas de peor visibilidad.

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