REDACCIÓN / La VOZ

La tercera celebración de la boda de Marta Ortega y Carlos Torretta sorprendió ayer a los más de 400 invitados que se dieron cita a las 19.30 en Casas Novas, donde tuvo lugar la cena oficial y la fiesta posterior que se prolongó con música y baile hasta la madrugada. Absolutamente todo fue asombroso, pero nadie se podía imaginar que durante la velada aparecieran tocando el piano la artista norteamericana Norah Jones y el músico británico Jamie Cullum, además de la actuación de Chris Martin, de Coldplay. Fue otro ejemplo de que esta boda derrochó internacionalidad y glamur.

Ya desde el viernes el enlace hizo desplegar las alas de A Coruña, que durante dos días se convirtió en el centro del mundo. Llegados de todas partes, y muchos en jets privados, los invitados y el personal desplazado -el fotógrafo alemán Peter Lindbergh, el pastelero belga Cédric Grolet o el florista belga Thierry Boutemy- dieron buena muestra de la influencia de Inditex en el planeta. Y de la intención también de los Ortega de reivindicar en muchos detalles su ciudad y su tierra, como que los gallegos Michelin Pepe Solla y Javier Olleros estuvieran al frente de los dos cáterings del viernes.

En inglés se habló mucho ayer de nuevo en Casas Novas (Arteixo), en lo que para muchos fue un «acontecimiento único». No hizo falta más que comprobar cómo los invitados iban relatando en las redes lo que estaban presenciando, como el detalle de que inmensos ramos de flores estuvieran a disposición de todos.

 

Fue una boda muy instagrameable, repleta de celebrities, vips y gente de la moda, y aunque muchos invitados estuvieron en la fiesta del viernes (Jon Kortajarena, Eugenia Silva, Amaia Salamanca, Athina Onassis, Jordan Joy Hewson, hija de Bono, de U2...), otros muchos se incorporaron a la celebración exclusivísima de anoche. Una cena a la que asistieron, además del presidente de la Xunta, empresarios, ejecutivos de Inditex y muchos compañeros de trabajo de los novios.

Los recién casados llegaron antes de las ocho de la tarde sonrientes, sentados juntos en la parte de atrás del coche, aunque esta vez no salieron a saludar, como en el Náutico, en que se asomaron al balcón. Accedieron, eso sí, por la entrada principal, a diferencia del resto de invitados, a los que no se pudo ver en las instalaciones en ningún momento.

 

Un tercer vestido brillante

Marta sorprendió en su tercer estilismo con un vestido largo plateado, cubierto de lentejuelas de cuello redondo y sin mangas, con los laterales de satén que dejaba la espalda al descubierto. Un look que desveló Pierpaolo Piccioli y que la novia conjuntó con un abrigo en la misma tonalidad. El pelo lo llevaba semirrecogido, con un detalle en la parte posterior, que le daba un aire muy imperial. En la celebración también estuvo su hijo Amancio, que llegó con sus abuelos maternos en el coche, poco después de Roberto Torretta y Carmen Echevarría, por tercera vez vestida de negro.

La de anoche fue una boda insuperable, desbordante de sorpresas y definido gusto. Será imposible festejar otra como la de Marta Ortega y Carlos Torretta en A Coruña, que durante dos días fue el centro del mundo.

La mano exquisita de Albert Adrià

Albert Adrià, del restaurante elBarri de Barcelona y hermano de Ferran Adrià, sirvió un menú compuesto de crema de parmesano con trufa negra, mini shitakes en escabeche oriental, tomates con gelatina de su consomé, guisantes y manitas de cerdo a la menta, y coliflor con caviar.

Para ello contó con la ayuda de 20 cocineros, muchos gallegos, además de parte del personal del equipo belga de la empresa Pro First que organizó todo el evento. La coruñesa Finca Montesqueiro participó en la aportación también de camareros en Casas Novas, como en la fiesta del Náutico del día anterior, donde desplazó a muchos profesionales.

Una decoración con hogueras por fuera y que dentro simulaba un frondoso bosque

Casas Novas fue ayer un fortín exclusivo, pero en el exterior se pudo ver parte de la decoración de la fiesta. Unas grandes montañas de madera apiladas, con unos cuencos sobrepuestos de los que salía fuego, encaminaban el largo trayecto que tenían que recorrer los coches, minibuses y furgonetas negras con cristales tintados de los invitados.

Sobre las 19.00 horas, poco antes de que empezara a llegar la gente, se iluminaron también de uno y otro lado todos los suelos de los pasillos del centro hípico, como se aprecia en la imagen superior, pero en ningún caso eran llamas con olor. Por esa entrada principal Marta Ortega y su marido, Carlos Torretta, fueron los únicos que accedieron al recinto, en una escenografía muy cinematográfica, que a algunos recordó a Juego de Tronos.

En el interior de la fiesta se recreó un ambiente distinto, aunque dando valor otra vez a los elementos naturales. De nuevo se apostó por la madera y se construyó un entorno único que simulaba un frondoso y exuberante bosque. La carpa principal se cubrió absolutamente de plantas y árboles enormes, algunos traídos desde Japón, que sorprendieron a los 400 invitados que gozaron de la velada desde las ocho de la tarde hasta la madrugada. La música en directo acompañó la fiesta, en la que por supuesto hubo mucho baile.

La tarta de la fiesta
La tarta de la fiesta
Marta Ortega prueba la tarta
Marta Ortega prueba la tarta

Información realizada con aportaciones de María Vidal, Alberto Mahía, Sandra Faginas, Marta Otero, Pablo Portabales, María Cedrón y Sofía Vázquez

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La boda de Marta Ortega y Carlos Torretta convierte A Coruña en el centro del mundo