Cientos de operarios de las empresas de servicios agrarios conectan jornadas casi interminables en un trabajo contra el reloj, la lluvia y, este año, también la sequía
27 sep 2018 . Actualizado a las 05:00 h.El teléfono de Jesús Barrientos suena y suena sin que nadie tenga demasiado tiempo para contestarlo. Como el jefe de Santa Cristina, una de las principales empresas de servicios agrarios de la Costa da Morte, casi todo el que tiene algo que ver con la campaña de ensilado de maíz trata en estos días de aprovechar al máximo cada minuto. Por las carreteras y pistas forestales de comarcas eminentemente agrícolas como esta prácticamente no se ve otra cosa desde hace ya una semana larga. Dominan los tractores de más de 200 caballos de potencia arrastrando gigantescos remolques con docenas de toneladas de un producto que se ha convertido en clave de bóveda para alimentación del vacuno de leche en Galicia. Y, al frente de esas caravanas, destacan las joyas de la corona de la tecnología agraria, las cosechadoras de forraje, prácticamente todas de la misma marca alemana, que en el caso de las más modernas, como la que acaba de estrenar una empresa de Mazaricos (A Coruña), superan los 450.000 euros.
Es mucho dinero para desempeñar y solo hay una manera de hacerlo: procesar sin descanso hectáreas y más hectáreas de maíz forrajero. Así que no queda tiempo que perder. Las jornadas arrancan antes del amanecer y, aunque ya se está consolidando eso de parar sobre las doce de la noche, todavía hay muchos días que se prolongan hasta casi empatar con el siguiente. «Catro horiñas, cinco como moito, e non te queixes». Es lo que duermen algunos profesionales en los días más duros de la campaña, como explica un joven aún veinteañero, pero que ya va por su séptima temporada.
Los buenos maquinistas se cotizan y puede decirse que sacan un sueldo aceptable, aunque siempre a base de muchas horas. Todo porque en el otro extremo de esta cadena productiva hay un cliente esperando, que en este caso es José Ramón Allo Vieites, de la ganadería San Isidro, en A Raposa, una pequeña aldea de la parroquia muxiana de San Martiño de Ozón, en la que se afana para extender sobre el maíz ya apilado un fino plástico de color azulado. «Isto é coma un film que se pon antes de botarlle a lona. Se tes sorte e colles un día que non haxa vento queda todo pegadiño, case coma se fose un envasado ao baleiro, e consérvase moito mellor o silo», explica el ganadero, consciente de que se está jugando una parte muy importante de la comida de sus animales -ordeña unas 65 vacas- para todo el año. «Agora mesmo aquí en Galicia é o produto máis barato que temos, porque os veráns son cada vez máis longos e a herba aínda sae máis cara. Nós debemos ser os únicos deste mundo que non lle pomos o prezo nin ao que compramos nin ao que vendemos. Se vas a un bar ou a un comercio téñenlle un prezo ás cousas, pero nós temos que pagar o que nos piden [se refiere a los piensos sobre todo], e coller o que nos dan [por la leche]», detalla José Ramón, que estos días si no lleva el mismo ritmo que los maquinistas poco le falta. Tenía sembradas 28 hectáreas y estuvieron picando y almacenando maíz dos días, hasta que ayer por la tarde aún le quedaba la clave de todo, que es tapar bien las pilas de forraje compactadas entre muros de hormigón para que se conserve de cara al invierno.
En cualquier caso, el trabajo, en el que hace solo veinte años lo habitual era ver a la aldea entera, niños y ancianos incluidos, en torno a una tarea que se realizaba con rudimentarias picadoras a mano, mudó de manera sustancial. «Agora xente, nada. Eu e mais outro, con dous tractores con pa, e listo», resume el ganadero muxián, que da por hecho que la cosecha va a ser muy buena en volumen, pero tiene sus dudas en cuanto a la calidad nutricional. «Ata as análises non se sabe, pero do 20 de agosto en diante foi demasiada calor. A espiga non, pero a palla secou moito», concluye José Ramón, quien, como otras decenas de miles de ganaderos gallegos, vive pegado a lo que dicta el tiempo, tanto el climatológico como el que siempre escasea para tanto trabajo.