El ecopacifismo germano resucita

Hasta 8.000 personas han protestado contra la tala de Hambach, donde el gigante RWE quiere extender sus extracciones de lignito


Berlín

Multitudinarias sentadas, marchas y plantaciones de árboles. Las escenas que se viven estos días en Hambach recuerdan más que nunca a las protestas ecopacifistas contra la energía atómica que tomaron las calles de Alemania en las décadas de los setenta y ochenta. Las mismas que supusieron el caldo de cultivo para la creación de un partido político, los Verdes, que lleva varias legislaturas de capa caída y sumido en una crisis de identidad. Sin embargo el movimiento ecologista está cobrando fuerza, a raíz de la inminente deforestación del bosque, que con casi 12.000 años de antigüedad se ha convertido en un símbolo.

A pesar de las órdenes de desahucio, desde el 2012 el Gobierno alemán permitía a unos 150 activistas continuar ocupando Hambach, situado en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia. Hasta que el gigante energético RWE, que ya ha explotado la mitad de los 85 kilómetros cuadrados que abarcaba la zona en los ochenta, se ha propuesto extender sus extracciones de lignito a cielo abierto. Ello requiere más excavaciones a partir de otoño. Por eso, el 13 de septiembre las autoridades renanas procedieron al desalojo forzoso del bosque, con la excusa de que las construcciones no cumplen la normativa.

Según fuentes oficiales, han sido desmanteladas 39 de las 50 casetas de madera instaladas por los ecologistas que residen entre las ramas de los árboles para impedir las talas, que responden a una gestión deficiente por parte del Ejecutivo de Angela Merkel. Tras la catástrofe en la central japonesa de Fukushima en el 2011, la canciller alemana acordó un apagón nuclear paulatino, que deberá culminar con el cierre del último reactor, previsto para el 2022. Una decisión sin precedentes que fue aplaudida, aunque ha ralentizado los planes de abandonar el carbón, extremadamente contaminante.

Entre 5.000 y 8.000 personas secundaron hace diez días las protestas. Muchos son agricultores que han sufrido en sus propias carnes las consecuencias de una inaudita ola de calor este verano que puso en evidencia que el cambio climático ha llegado a Alemania. La resistencia pacífica de los activistas medioambientales ante los violentos operativos de desalojo, en los que participaron unos 4.000 agentes policiales, apoyados por vehículos antidisturbios y cañones de agua a presión, y que se saldaron con decenas de detenciones y heridos leves, ha generado indignación a escala nacional.

Muerte entre los árboles

La gota que colmó el vaso ocurrió el miércoles pasado, cuando un periodista que cubría las manifestaciones murió al caer de un puente suspendido entre dos árboles a unos 15 metros de altura. «No podemos seguir adelante», declaró el titular de Interior de Renania del Norte-Westfalia, que detuvo de inmediato el desahucio. Aun así, el cristianodemócrata Herbert Reul insiste en pedir a los ecologistas que abandonen el bosque de forma voluntaria.

«Vamos a ver muchas más acciones de este tipo en el mundo. De lo contrario, no vamos a frenar el cambio climático ni las muertes derivadas del mismo», criticó la diputada verde Bärbel Höhn. Las organizaciones BUND, Campact y Greenpeace prevén presentar al Gobierno regional una carta con al menos 500.000 firmas de gente que desea mantener intacto lo que queda de Hambach. Pero el pulso está garantizado, pues RWE calcula que en el bosque milenario aún hay 2.500 millones de toneladas de lignito.

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