El efecto Streisand, o cuando la censura se convierte en la mejor campaña publicitaria

El secuestro judicial de «Fariña» le ha hecho líder de ventas. La portada de «El Jueves» con Felipe VI y Letizia Ortiz o el documental «Ciutat Morta» vivieron efectos parecidos


A Coruña

Pocas horas han bastado para que el secuestro cautelar del libro Fariña haya colocado la obra de Nacho Carretero en el candelero de los superventas. Este martes se conocía que una jueza de Collado Villalba ha prohibido su impresión y comercialización a raíz de la querella presentada por el exalcalde de O Grove José Alfredo Bea Gondar, citado en el libro por supuestos vínculos con el narcotráfico. Pero como la decisión no se hará efectiva hasta que el exregidor ingrese 10.000 euros en garantía de los posibles daños a la editorial y el autor, este miércoles Fariña se ha situado como número 1 de ventas en Amazon España. La versión física ya se ha agotado y sólo hay disponibilidad inmediata de la digital.

No es la primera vez que una prohibición judicial consigue justo lo contrario de lo pretendido y aumenta la notoriedad del mensaje que, supuestamente, debería ocultar. Sucedió en el 2007 cuando el juez del Olmo ordenó el secuestro de El Jueves. El motivo: una portada con el entonces príncipe Felipe manteniendo relaciones con Letizia Ortiz y un mensaje supuestamente «irreverente», «denigrante» y «objetivamente infamante». Los ejemplares de la revista fueron retirados de los puntos de venta e incluso se confiscó la plancha con la que se imprimió el dibujo. Pero la página web de la publicación se colapsó y pocos españoles se quedaron sin ver una portada que, de no haber sido censurada, solo habrían visto los lectores de El Jueves.

Este fenómeno se conoce como efecto Streisand: sucede cuando un intento de censura o prohibición aumenta el interés del público y la difusión de un contenido. Un buen ejemplo fue la crisis de las caricaturas de Mahoma en Dinamarca en el 2005. La indignación de los líderes musulmanes hizo que la polémica se volviese mundial y los dibujos se viesen en cientos de países.

En el 2009, fue el intento de retirar de circulación la foto de la familia de José Luis Rodríguez Zapatero en su visita a la Casa Blanca lo que provocó que la foto de las hijas del expresidente del Gobierno se volviese famosa y protagonizase todo tipo de noticias, sátiras y chascarrillos.

Más reciente está la polémica por el documental Ciutat Morta. Un juzgado de Barcelona prohibió emitir en TV3 cinco minutos de la cinta, estrenada año y medio antes. La consecuencia: el tema se hace tendencia en Twitter, las visitas a Youtube para ver el fragmento se multiplican, la polémica llega a las esferas políticas e incluso se convoca una manifestación de protesta.

Otros libros secuestrados

Fariña no es el primer libro secuestrado en España en el siglo XXI. En el 2005 una denuncia de la productora de Gestmusic hizo que un juez prohibiese la impresión y comercialización de OT, la cara oculta. Escrito por el periodista Wayne Jamison, desvelaba supuestos entresijos de la primera y exitosa edición de Operación Triunfo incluyendo presuntos amaños de votaciones y detalles de los contratos de los concursantes. Gestmusic tuvo que desembolsar una fianza de 500.000 euros. El libro nunca vio la luz.

Más recientemente, en el 2014, un juzgado barcelonés bloqueó de forma cautelar la publicación de La cortina de humo. Sus autores, Julián Peribáñez y Antonio Tamarit, extrabajadores de la agencia Método 3, vinculada a polémicas escuchas a políticos catalanes. La decisión judicial fue más allá e incluso se prohibió a los dos detectives dar entrevistas en las que hablasen del contenido de la obra.

Libros prohibidos que hicieron Historia

La Historia está llena de libros prohibidos que han acabado por convertirse en clásicos. Sonado es el caso de El origen de las especies de Charles Darwin, censurado en Reino Unido, Grecia y Yugoslavia porque sus ideas sobre la selección natural y la teoría de la evolución contradecían los supuestos creacionistas bíblicos.

También la Lolita de Nabokov encontró serias dificultades para su publicación al ser considerado prácticamente pornográfico. Y qué decir de Los versos satánticos de Salman Rushdie que llegaron a valerle a su autor una sentencia a muerte por parte del iraní ayatollah Jomeini.

Ni la literatura infantil se salva. Si en China no gustaron los animales antropomorfizados de Alicia en el país de las maravillas, en Emiratos Árabes Unidos fue la franquicia Harry Potter la prohibida por, supuestamente, incentivar la brujería, unas acusaciones que se repitieron en su estreno en Rusia.

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