Ya no son de trapo: son robóticas

La conectividad inalámbrica y el control desde el móvil es cada vez más habitual

Los juguetes ya no son de trapo: son robóticos Así ha cambiado la forma de jugar de los pequeños. De la madera hemos pasado a la conectividad inalámbrica

Redacción / La Voz

En el reino animal son muchas las especies que, a su manera, juegan. Pero los humanos, y eso nos caracteriza, somos los únicos que hemos desarrollado juguetes. Nos gusta aprender y relacionarnos con el entorno de manera lúdica, da igual la edad que tengamos. ¿Quién no ha tirado una piedra al agua por mero divertimento siendo adulto?. Quizás por ello, en 1938, el filósofo holandés Johan Huizinga llegó a plantear por primera vez la figura del homo ludens: el acto de jugar es consustancial en todos nosotros. Aunque, eso sí, la manera de hacerlo y los juguetes que empleamos han cambiado. «Cada xoguete utiliza os materiais, os recursos e a tecnoloxía propia do momento», dice al respecto Vicente Caramés, director del Museo do Mar de Galicia en Vigo. Reflexiona delante de un expositor repleto de barcos de hojalata. La exposición Ludomar, de carácter permanente, permite admirar juegos y juguetes de temática marinera cedidos por la fundación Raquel Chaves. Y es que los niños de la posguerra civil española, que no son otros que los abuelos de hoy, no conocieron el plástico. Hubo que esperar casi a que empezase la década de los 70 para que los madelman y las nancys copasen las estanterías de las jugueterías, y a la vez, la lista de deseos remitida a los Reyes Magos. Es cierto que desde los años 80 las misivas de los pequeños remitidas tanto al lejano Oriente como a Laponia fueron dejando cada vez más espacio para la Nintendo, la PlayStation o la XBOX; pero los videojuegos no han acabado, ni de lejos, con el juguete.

La industria crece

La Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ) prevé un 2017 histórico para el sector con cifras que superarán los 1.630 millones de euros en ventas. Unos datos favorecidos sobre todo por el crecimiento de las exportaciones, que suben este año a un ritmo del 20 %. Y es que el mercado interno no sería suficiente: el gasto en juguetes por niño y año en España es de 184 euros. Reino Unido y Francia, dos de nuestros compradores, llegan hasta los 300.

Triunfa lo clásico

Los padres de hoy pueden fácilmente encontrar para sus hijos los juegos con los que ellos se entretuvieron. Los más melancólicos suelen pararse en la sección de Lego y en la de Playmobil. «No es raro que un padre compre algo para regalar y se lleve uno para él», dice María Ferro, juguetera en la cadena Centroxogo desde hace dos décadas. También está Barbie, adaptada a la moda de hoy; los Pin y Pon, que no han crecido en tamaño o las Barriguitas. Habrá coleccionistas adultos que querrán hacerse con los nuevos modelos antes incluso que los propios niños.

El resto de entretenimientos presentes en los lineales de las tiendas resultan familiares, pero se han adaptado a los nuevos tiempos. Hay coches teledirigidos, aunque ya se usan vía móvil. Muñecas y peluches se llenan de sensores capaces de reconocer al niño y obedecer incluso órdenes sencillas. «Antes se usaban más las manos y la imaginación, ahora hay juguetes con los que lo tienes todo hecho... casi todo es interactivo», señala la juguetera.

Tecnología e interacción

Todo ello provoca que el incómodo uso de pilas sea profuso en buena parte de ellos. Lo más recomendable es optar por los que tengan baterías de litio, con más autonomía. Si usan pilas es mejor hacerse con unas recargables, más caras a la hora de la compra, pero que se amortizan a las pocas cargas. Y lo que sigue de moda son los hoverboard, los patinetes eléctricos sin manillar. Algunos tienen altavoz y bluetooth. Así podemos reproducir música desde el móvil y obtener al mismo tiempo información sobre la autonomía restante. El precio parte de los 160 euros, consumo eléctrico aparte.

Más de 4.000 juguetes en un recorrido museístico único

Hace cuatro años abría en Ponteceso (A Coruña) el Museo Etnolúdico de Galicia (Melga). Acoge la asombrosa colección de Ricardo Pérez y Verdes. «El juguete es una manía fascinante que tengo desde pequeño», confiesa. Él atesora 14.000 piezas de todo el mundo y aquí se muestra la tercera parte. «Mucha gente que repite viene y me dice... ¡oye Ricardo esto no lo conocía!», cuenta sonriente. Va rotando los juguetes, excepto en la parte dedicada al juego tradicional de Galicia, ubicada en la primera sala. Allí se encuentran, por ejemplo, las carrilanas, los carros y las carretas: vehículos artesanos que antaño se hacían en madera y que los niños disfrutaban pendiente abajo.

Pérez y Verdes amplía en cada viaje su colección. El próximo febrero irá a Eslovaquia. Y como siempre comprará un libro sobre los deportes tradicionales del país, un juguete típico y un sello relacionado con la idiosincrasia del lugar. Después podrán disfrutarse en el museo.

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