«Es estar muriendo y volver a nacer»

R. D. SEOANE A CORUÑA / LA VOZ

SOCIEDAD

PACO RODRÍGUEZ

El Hospital A Coruña celebró con pacientes y profesionales los 3.000 trasplantes renales

11 feb 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

«¿Quién me iba a decir a mí que yo jubilaría a los doctores?», bromeaba ayer Cándido Esteve, uno de los primeros en recibir un riñón en Galicia. Le sucedió hace 34 años y ayer «no podía faltar» a la cita en el Complexo Hospitalario Universitario A Coruña, que reunió a los pioneros que echaron a andar los trasplantes en Galicia para conmemorar el injerto renal número 3.000.

«¿Que si me cambió? ¡Me cambió todo! Es estar muriendo y volver a nacer», resumía Cándido, que a los 28 años, y con un niño de 4, fue trasladado desde Manzaneda al Chuac para enfrentarse a una operación entonces casi impensable en la esquina de España. «Ninguno de los médicos de Ourense quiso despedirse de mí», recordaba ayer mientras Carmen García Pan, también con más de tres décadas con un órgano regalado, «y con él quiero morirme», explicaba que «cuando me dijeron que había un riñón para mí, les dije que no era el día de los Inocentes». Ambos trataron de describir lo malos que eran sus días antes de la donación. Depender de horas enganchados a una máquina no ha de ser fácil. «Te cambia todo, yo sigo trabajando, no me he jubilado», bromeaba Cándido con los doctores Buitrón, González Martín, Acción, Oliver, Valdés, Alonso... aquella generación, hoy retirada de la medicina en su mayoría, que fue capaz de superar temores para acercar segundas oportunidades. Sin tener que salir de Galicia.

Solo en riñón, el 31 de diciembre se hizo el número 3.000 en el Chuac. Hoy ya son 3.020. Y solo otros dos hospitales en España han superado esa cifra tan redonda de adultos trasplantados: el Clinic de Barcelona, que empezó en 1965, y el madrileño Doce de Octubre.

En Galicia, la mitad de ellos siguen hoy vivos y continúan visitando las consultas del Chuac, que ayer repasó la historia iniciada en 1981 por un grupo de profesionales empeñados en recuperar la vida con todas las letras para las personas que, con suerte, tenían como única alternativa la diálisis. Aquel día de hace 36 años se recurrió a un donante vivo, un hijo para un padre. La siguiente fue una niña de seis años, y casi inmediatamente se iniciaron con donantes fallecidos.

Los vivos, sin embargo, vuelven a ser hoy la puerta abierta a multiplicar esperanzas. Recurrir a la extracción en vida fue una táctica recuperada en el 2000 para ampliar posibilidades a los enfermos que, cada vez más, llenaban la lista de espera. Hoy suman ya los 238 riñones cedidos sin muerte de por medio.

Todos esos avatares, el «mucho miedo» que sintió Cándido, el «antes estaba siempre mala», de Carmen, la valentía para unos, osadía para otros, confesada por algunos médicos ahora que lo ven con la distancia del tiempo, y, sobre todo el recuerdo de la ilusión se colaron ayer en la jornada de celebración en el Chuac. Solo el agradecimiento ocupó más espacio y tiempo. A la generosidad de las familias y los donantes. «Para llegar rápido, hay que caminar solos; para llegar lejos, mejor acompañados. Nosotros hemos estado muy bien acompañados todo este tiempo», resumió el coordinador de trasplantes, Antón Fernández.

Una de cada veinte operaciones de este tipo en España se realizan en el Chuac

Desde el punto de vista de los profesionales, iniciar los injertos renales en el centro coruñés supuso no solo el impulso para «un avance espectacular en formación quirúrgica», sino también «el germen para hacer del Chuac lo que hoy es: un hospital trasplantador reconocido a nivel nacional e internacional», tal y como recordó Venancio Chantada, jefe de Urología del complejo.

De la actividad y los hitos que se fueron marcando poco a poco dio cuenta el gerente, Francisco Vilanova, que inauguró la jornada dedicada a la donación en vida recordando que «uno de cada 20 trasplantes renales de España, y uno de cada 13 de donante vivo, se hace en esta área sanitaria». Suponen ya el 25 % del total.

La solidaridad social y el empeño de todo el hospital, apuntó, hizo posible otros logros que han ido marcando con «un sello de excelencia y calidad» la sanidad pública gallega. Mencionó, como ejemplo, el hecho de que el equipo sanitario fue impulsando respuestas a las necesidades que plantea el único acto médico que no depende exclusivamente de la profesionalidad, aunque la condicione a veces decisivamente. Habló entonces de que los profesionales buscaron la forma de salvar las dificultades que se plantean incluso cuando se logra lo esencial, el donante, y así el Chuac se sitúa entre los de mayor experiencia del país cuando no existe compatibilidad sanguínea o inmunológica con el receptor, con la práctica de técnicas innovadoras para llevar a cabo 65 de estos trasplantes aún más complejos si cabe.