Cosecha «espectacular» en Rías Baixas

La lluvia de septiembre mejora las expectativas en las denominaciones de Ourense

El ciclo de la vid este año El ciclo de la vid este año

Vilagarcía / Ourense / Redacción

«Espectacular». Así define la cosecha que actualmente está vendimiando Rías Baixas Alberto Barral, el director técnico de Condes de Albarei, una de las cooperativas más importantes. Y no es el único. «Facía anos que non víamos unha uva tan limpa», ratifica Diego García, responsable de campo de Paco & Lola. «É unha colleita moi diferente a dos últimos anos», que se debe «as condicións meteorolóxicas atípicas, sen choiva e con temperaturas altas», añade Miguel Tubío, su homólogo en Martín Códax. Pero no solo la calidad de la uva es mayor de lo esperado. También la cantidad. Los técnicos destacan que hay más producción de la prevista inicialmente, por lo que no sería extraño que la cosecha final rozase los treinta millones de kilos. Por ahora, en las bodegas han entrado ya más de veinte millones. Y por delante queda, todavía, una semana de trabajo.

No empezaron bien las cosas para la denominación de origen del albariño. En primavera, cuando la vid florece, se registraron tormentas y abundantes lluvias que provocaron la pérdida de parte del fruto y algunos ataques de enfermedades. Pero el caluroso verano que se vivió en las Rías Baixas acabó con todos los males del viñedo. Las plagas fueron remitiendo y las uvas presentan un estado sanitario que los técnicos hace años que no recuerdan. Hubo también algunos problemas con la falta de agua, por la escasez de las lluvias. Pero solo unos días antes de que se iniciara la vendimia llovió lo suficiente para que la vid desterrara todos los problemas que presentaba. «Foi a cantidade xusta», explica García. «Despois dun verán seco tiñamos unha maduración moi acelerada e coas choivas conseguimos o equilibro entre acidez e grao», añade Barral.

La vendimia está transcurriendo con tranquilidad inusitada en Rías Baixas. Ni siquiera las lluvias que cayeron durante este fin de semana fueron motivo de preocupación. Algunas bodegas, como Martín Códax, decidieron parar temporalmente.

A la espera en Ourense

En las cuatro denominaciones de Ourense -Ribeiro, Valdeorras, Monterrei y Ribeira Sacra, esta última compartida con Lugo- la lluvia de principios de mes devolvió la esperanza a los viticultores, que aún están decidiendo cuándo recoger la uva. La semana que pasó, de hecho, fue de especulación para muchos, con poca fruta en las bodegas y la que está en las viñas muy cerca del punto óptimo. Según se hagan las cuentas, puede mejorar, tanto en peso como en grado, con lo que la cartera engorda para quien vende. Pero la lluvia, imaginémosla con fuerza uno o dos días, podía torcerlo todo, si lo hasta ahora ganado se pierde con la botritis. Es el riesgo.

Desde mediados de marzo han sido meses de incertidumbre, de evaluación de riesgos, de dramáticos bajones de moral e inquietud sostenida, pero también ha habido momentos para respirar. El actual es uno de estos últimos. La lluvia de los días 6 y 7 de este mes fue agua bendita. Las viñas arrastraban las consecuencias del duro estío y la sequía. La perspectiva era negra.

Si a estas alturas de septiembre cien granos de uva pesan poco más de cien gramos, o incluso 120, significa que tienen poca agua. Y con solo cangallo y pellejo, dice un técnico, mal va todo. El seguimiento de las viñas dice que en una de las bodegas más potentes del Ribeiro, antes de esa bendición que fueron las lluvias de esos dos días, la relación estaba en 120 gramos por cien granos. Tres días después ya se habían superado los 140 gramos. El peso ha seguido subiendo y los viticultores respiran, sin dejar de ver cómo las lecturas del refractómetro y los índices de grado alcohólico probable no dejan de subir. De ahí a elegir la fecha de la vendimia, resistir unos días más, o recolectar y santas pascuas, queda poco margen. La semana se presenta con las mejores perspectivas, sin agua, con la uva más gorda y sin prisa para la cita con la báscula.

Perspectiva esperanzadora

En la zona fue especialmente agresivo el mildiu. Si normalmente se manifiesta primero en la hoja y avisa con sus característicos toques amarillos, en esta ocasión se fue directo a la planta. Quienes habían dado el primer tratamiento preventivo en abril sortearon este problema. Los despistados, los confiados, los viticultores de segunda actividad y fin de semana, arrastran mermas que, en algún caso, pueden haber llegado al 80 % de lo previsto. Es, con todo, muy irregular el efecto del mildiu, con lo que igual se puede ver una viña impoluta y al lado, lindando, otra muy castigada. Nada que ver con accidentes como el granizo, que también causó estragos en zonas particulares de Valdeorras y Ribeira Sacra, sin posibilidad de recuperación, pues golpea la planta en la floración y acaba con ella.

Y llegó la sequía, con semanas y semanas de calor sin una gota de agua caída del cielo. En este punto conviene aclarar que las viñas no se riegan, como concepto general, pero sí existe y está regulado el fenómeno de la fertirrigación, que es la aplicación de abonos y fertilizantes disueltos en el agua de riego, cuya función dicen que solo es la de transportar esas sustancias tan beneficiosas. Sin fertirrigación ni lluvia, el panorama se presentaba dramático en los últimos días de agosto y primeros días de septiembre. Pero llovió. Y la mayoría volvió a sonreír, salvo quienes ya habían sufrido las pérdidas por el mildiu. O el granizo.

¿La calidad? Excelente, como siempre. ¿Quien se atreve a decir que no? Será abundante, o lo será menos, pero la calidad siempre será buena. ¿En qué acabará la vendimia? Hace dos semanas, el recorte hubiera sido tremendo. Ahora, sin embargo, la perspectiva es diferente, incluso esperanzadora.

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