Hasta nunki, compi yogui

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas MIRA Y VERÁS

SOCIEDAD

12 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace ya años un catedrático de Lingüística sacudía en sus clases a los entonces universitarios sobre los prejuicios idiomáticos de toda índole. En aquellos intensos debates diglósicos recuerdo su pregunta directa: ¿es «guay» una palabra «pobre»? Guay era un término icónico del lenguaje juvenil, atosigado por la etiqueta, y salir en defensa de guay era salir en defensa del idioma y su riqueza. Así que en favor de guay enseguida aprendimos la lección para enfrentar el análisis de la lengua. Está bien la objetividad del estudioso, no hay nada malo en el vocablo, en toda esa expresividad televisiva calada a través de programas VIP (me refiero a GH), como el «hasta nunki» que repiten los chavales de hoy con gracia. La frase es de Ylenia, no de Cervantes, pero se ha extendido como plaga. Y se aplaude en los críos que se han formulado por WhatsApp haciendo oda a la terminación en «i» del lenguaje cuqui, breve y cariñoso: tranqui, okis, ji, ji, Diegui... De señora a Leti hay un abismo público y privado, y quien se trata de «compi yogui» define muy bien una relación y a quien la usa, aunque no haya delito en ello. Hay reinas punk como Elisabeth II, a la que cantaron los Sex Pistols, y príncipes cazados en la intimidad de un támpax, que es otra variante trash. La nuestra, es obvio, bebe de otra tradición expresiva.