La meca del sándwich de pastrami

Javier Armesto Andrés
javier armesto REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

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El Carnegie Deli, toda una institución en la Gran Manzana, prepara su reapertura tras ser clausurado por robar gas y afrontar el tortuoso divorcio de su propietaria

07 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

En Broadway Danny Rose, esa joya escondida de la filmografía de Woody Allen, el protagonista acaba recibiendo el mayor honor que a uno le pueden hacer en la meca de entertainment: le ponen su nombre a un sándwich en el Carnegie Deli, probablemente el restaurante más famoso de Nueva York. Localizado en el número 854 de la 7.ª Avenida, muy próximo a la sala de conciertos de la que toma el nombre, el Carnegie Hall, esta casa de comidas y tienda delicatesen lleva cerrada desde el pasado mes de abril después de una serie de sucesos que a punto ha estado de acabar con ocho décadas de historia en la Gran Manzana.

El Carnegie Deli abrió en 1937 como un típico establecimiento judío que ofrecía a los clientes, mayoritariamente inmigrantes, especialidades de la cocina kosher. Entre ellas, la deliciosa sopa de bolas de matzhoh, elaboradas con harina, huevos, grasa, sal y pimienta y que es una comida propia del Pésaj o Pascua judía. Hoy sigue siendo uno de los platos estrella, junto a otros de raíces puramente norteamericanas como la clásica hamburguesa (de carne muy seca, casi deshidratada, y acompañada de gruesos pepinillos) o la tarta cheesecake.

Pero la estrella de la carta, por la que los turistas son capaces de guardar cola durante más de una hora en la calle incluso en pleno invierno, es el sándwich de pastrami. Este embutido elaborado con carne roja de ternera se somete a un minucioso proceso de salmuera, se le añaden diversas especias y finalmente se ahúma. En el Carnegie colocan una porción de 400 gramos entre dos minúsculas rebanadas de pan, dando como resultado un monstruo que los clientes difícilmente pueden terminarse, por lo que suelen compartirlo o pedir una doggy bag para llevárselo a casa. El lema del restaurante es: «Si puedes acabar tu comida, hemos hecho algo mal».

Desde que en 1984 Woody Allen rodara allí varias escenas de su película, el sándwich de pastrami lleva el nombre del director neoyorquino. Su foto autografiada cuelga en las paredes del Carnegie junto a las de muchas otras celebridades, lo que contribuye a aumentar el glamur del local, decorado de forma sencilla y que también despacha comida preparada para llevar.

Pero un suceso fortuito echó por tierra el año pasado buena parte de la reputación del Carnegie. Una explosión de gas ocurrida el 26 de marzo del 2015 en un edificio del East Village provocó dos muertos y una veintena de heridos, además de un incendio que destruyó completamente tres inmuebles adyacentes. La causa fue una toma ilegal en la conducción del gas y las autoridades municipales ordenaron una inspección masiva de estas instalaciones. Y uno de los primeros en caer fue la meca del sándwich de pastrami.

Amante tailandesa

Durante varios meses los inquilinos del edificio donde se ubica el establecimiento han vivido sin gas, aunque en diciembre pasado se restableció el agua caliente y la calefacción, y el próximo lunes está previsto que se disponga también de suministro para cocinar. Esto permitiría reabrir el Carnegie Deli, que, no obstante, ha tenido que hacer frente en este tiempo a otro problema: el complicado divorcio de su propietaria. Marian Harper y Sandy Levine pusieron fin a 22 años de matrimonio en septiembre pasado. Llevaban tirándose los trastos a la cabeza desde el 2011, cuando ella descubrió que su marido se dedicaba a retirar ilegalmente fondos del Carnegie (ocupaba el puesto de gerente) para ingresarlos en la cuenta de su amante, de origen tailandés y dueña a su vez de otros restaurantes en la Gran Manzana.

Lo peor de todo fue que Sandy no solo le transfirió dinero a su nueva amiga -un total de 10 millones de dólares-, sino también algunas de sus recetas, entre ellas las del pastrami y la tarta de queso. Y esto fue demasiado para Marian, que se separó de su esposo, aunque le pagaba una pensión alimenticia de 11.500 dólares al mes. Pero tras el cierre del Carnegie a raíz del incidente del gas, le cortó el grifo y Sandy se avino a negociar. Como en una comedia del genial Allen.