Entrenamiento polar en O Grove

Maruxa Alfonso Laya
m. alfonso O GROVE / LA VOZ

SOCIEDAD

MONICA FERREIROS

Trece militares llevan una semana en las Rías Baixas. No han venido a tomar el sol, sino a prepararse para su próximo viaje a la Antártida

06 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Son los mejores. Elegidos entre 214 voluntarios para participar en una de las misiones más codiciadas por los integrantes del Ejército de Tierra: la Campaña Antártica. A finales del próximo mes de noviembre, trece militares partirán con destino a la base Gabriel de Castilla, situada en isla Decepción, para ocuparse de la seguridad y de la logística de los investigadores que participan en el Programa de Investigación Polar. Llevan todo un año preparándose para ello. Y la última fase de su formación, la de navegación, la han realizado por primera vez en tierras gallegas. En O Grove han pasado una semana. Pero nada de tomar el sol. Lo suyo ha sido un duro entrenamiento para aprender a manejarse en aguas de temperaturas bajo cero.

Su jornada en tierras mecas comenzaba alrededor de las siete de la mañana, con un preparamiento físico. Después, tocaba salir al mar armados con los trajes de supervivencia para aprender a manejar las embarcaciones y, de paso, hacer pruebas de rescate. «Yo conocía O Grove y sabía que me daba las condiciones para que el personal pueda instruirse con el mar en calma y me da opciones de buscar zonas con el mar más encrespado», explica el comandante Alberto Salas, jefe de la Campaña Antártica. Lleva cinco años solicitando esta misión y por fin se la han concedido. Él ha seleccionado a los otros doce militares que le acompañarán en esta misión. «Son todos profesionales muy cualificados en cada una de sus áreas. Están entre los mejores», asegura. Su misión es clara: «Apoyar la investigación científica». Su destino, isla Decepción, «un volcán en activo con condiciones de temperatura únicas que permiten que exista una flora y una fauna endémica», añade. Los militares serán los encargados de garantizar la seguridad y la logística de los científicos, acompañándolos cuando salen de la base a tomar muestras. La rutina es sencilla. «Todas las tardes miramos el parte meteorológico, se ven las condiciones del día siguiente y se toma la decisión de si es apto o no para salir», sostiene. Del tiempo depende que puedan abandonar la base. Tendrán que desplazarse por tierra y por mar. Por eso han estado en O Grove realizando prácticas de navegación.

Las nuevas tecnologías permitirán seguir de cerca la experiencia de estos hombres. En la web de la campaña, y en el Twitter @Antártica ET, se podrá conocer su diario de operaciones. Y también adoptar uno de los pingüinos barbijos que pueblan este espacio. Los que lo hagan recibirán foto y diploma llegados desde la mismísima Antártida.

La misión de garantizar las comunicaciones y de probar trajes de supervivencia

Los integrantes de la Campaña Antártica estarán a miles de kilómetros de la costa de Sudamérica, pero no estarán completamente aislados. «Se puede hablar con casa, podemos hacer un Skype y tenemos WhatsApp», explica el comandante Salas. La mejora de las comunicaciones es una de las tareas que desempeñan estos hombres. En este caso, quieren conseguir que los científicos puedan hablar con la base mientras están fuera de ella tomando muestras. Algo muy sencillo aquí, pero que allí es complicado. Probar los trajes de supervivencia, conocidos como Vikin, será otro de sus cometidos. «Nadie sale de la base sin su traje de supervivencia, el agua está a cero grados», añade el comandante. Sus hombres van preparados «para las peores incidencias que se puedan dar». Toman todas las precauciones posibles porque cuando un traslado médico implica una travesía de «13.000 kilómetros» en helicóptero, prevenir cobra especial importancia.

Un paisaje inexplicable

Dos gallegos forman parte, este año, de la Misión Antártica. Son el sargento primero Diego Núñez, natural de Ourense y auxiliar de comunicaciones, y el comandante Pedro Solís, responsable de Medio Ambiente, de Pontevedra. El resto del equipo lo componen expertos en logística, medicina, comunicaciones, mantenimiento y motores. Dos de ellos serán los enlaces, es decir, han participado ya en una campaña y repiten para orientar a sus compañeros. «Es una experiencia muy buena, una misión única», explica el sargento José F. Garcés. Vivir en la Antártida «no es muy duro, es acostumbrarse al día a día». Lo que más se echa de menos es «la familia», sobre todo, porque estarán allí en Navidad. Lo mejor, «el paisaje, es inexplicable».