Antes era una percepción de los abuelos... Luego, de los padres: los niños y jóvenes estaban enganchados al ordenador, Internet y aparatitos electrónicos de todo tipo. Pero el gran cambio para la generación de millennials, nativos digitales u otras mil formas de referirnos a estos adictos al uso de la tecnología ha llegado en los dos últimos años con la masificación de tablets y smartphones entre usuarios muy jóvenes y, con ellos, la generalización de Internet en el móvil y el ya obsesivo WhatsApp.
La experiencia del Grupo de Redes Sociales de la Policía Nacional y de los agentes de prevención en la calle y colegios nos muestra una evolución en la que sigue bajando la edad de inicio en el acceso a Internet móvil, así como el uso de aplicaciones y juegos de todo tipo. Mientras, los adultos coincidimos con ellos en el abuso del WhatsApp, sus chats y sus ya temibles grupos. Paradójicamente, lo que baja es hablar por teléfono? Preferimos wasapear con un lenguaje abreviado que espanta a la RAE.
A esa obsesiva costumbre a chatear por mensajería móvil se le unen los juegos, compartir fotos? y links con vídeos, además de las consabidas redes sociales. Tal y como se preveía, el e-commerce no deja de crecer. Por el contrario, el mail está a la baja.
Internet nos ha demostrado que todo puede ser efímero (que se lo digan al Messenger, de Microsoft, o a Tuenti? Hoy, una OMV para jóvenes) y las principales redes sociales están tratando de monetizar su dominio y el uso diario durante horas por los internautas. Facebook, Twitter, Instagram y Youtube son los grandes referentes en nuestro día a día, tanto para recibir información como para comunicarnos con otros, al margen del omnipresente WhatsApp. Además, el fenómeno de la doble pantalla (ver la televisión y comentarla con el móvil) ha venido para quedarse, en esos canales u otros.
El reto de las empresas e instituciones es introducirse con naturalidad y rentabilidad en ese nuevo entorno de los consumidores que es el smartphone y sus aplicaciones. Aún queda demostrar que el «big data» es tan importante como aventura la industria y su explotación, inminente. El desafío para los ciudadanos, además de tener suficiente batería, wifi o cobertura, y capacidad de tráfico de datos, es manejar con inteligencia y utilidad estas plataformas, evitando los riesgos, adicciones y pérdidas de tiempo.
Y para el ámbito educativo y público nos queda tratar de concienciar y promover un entorno seguro, eficiente y rentable para el óptimo uso de estas plataformas que tienen enganchadas a tanta gente y, sobre todo, a los más jóvenes.
La duda está en la utilidad real de estas plataformas, la seguridad, privacidad, su adaptación a la vida cotidiana , el ocio y el trabajo de la gente? La solución, en sus pantallas.
Carlos Fernández. Responsable del Twitter del Cuerpo Nacional de Policía