Cuando el agua está envenenada

Pablo Gómez Cundíns
Pablo Gómez LA VOZ

SOCIEDAD

Es la natación maldita. El reciente ejemplo de Michael Phelps es solo la punta del iceberg

12 oct 2014 . Actualizado a las 10:40 h.

Tarzán solo hay uno. Otros nadadores que intentaron emularle, pero Johnny Weissmüller fue único. Y pese a todo, sufrió graves problemas de alcoholismo. De nada le sirvió su media docena de medallas olímpicas (cinco de oro) ante sus desórdenes mentales. Para la posteridad dejó su dominio absoluto de la natación en los años veinte, las doce películas en las que interpretó al hombre mono y un cóctel a base de ginebra y ron que lleva su nombre.

Así se las gasta el considerado deporte más completo para el ser humano, pero que cuando alcanza los niveles de alta competición, más bien parece el más destructivo. Cierto es que los escándalos en los que se ve inmerso lejos están de ofrecer la cadencia de otras disciplinas como el ciclismo, pero la natación va ganando terreno por el renombre de los implicados.

El último episodio lleva el rostro del deportista con más medallas olímpicas de todos los tiempos: Michael Phelps. El estadounidense, de veintinueve años de edad, tendrá que acudir a rehabilitación para desintoxicarse de su adicción al alcohol. Esta semana fue suspendido por seis meses y se quedará fuera del Mundial de natación que se celebrará en julio del próximo año en Kazán. Phelps cumplía diez años de su primera sanción por conducir ebrio al volante. Y decidió celebrarlo en el casino Horseshoe de Baltimore con unas copas y unas partidas de Black Jack. Después, tomó el volante de su Land Rover y voló al doble de la velocidad permitida por el túnel que pasa bajo el puerto de la ciudad. Y con el doble de alcohol de lo permitido. Además de la suspensión deportiva, le puede caer un año de prisión. Lo sabrá el 19 de noviembre.

Por lo visto, a Phelps le daba por hacer este tipo de cosas incluso cuando se preparaba para campeonatos de gran calibre. Como en el año 2008 cuando en lugar de emprender camino hacia la piscina, enfocó hacia Las Vegas. No lo encontró ni su padre, que fue quien lo contó años después.

Después de esto, ya nadie da demasiada importancia a aquellos aumentos de peso (doce kilos de vez en cuando), pero sí se ha generalizado la sospecha de que su regreso para los Juegos Olímpicos de Rio 2016 ha quedado muy en entredicho.

El siguiente en la lista de los más grandes en el agua es el ruso Aleksandr Popov, ya retirado de la competición. Era un afamado deportista (eclosionó en los Juegos de Barcelona de 1992) cuando unos vendedores de melones azerbaiyanos le asestaron varias cuchilladas durante una pelea callejera en Moscú. Se salvó de milagro.

Volviendo al asunto de la bebida, parece que fue clave en la preparación del australiano Ian Thorpe para los Juegos de Atenas 2004. Dos años dependiendo del alcohol para todo estuvieron a punto de quitarle la vida al quíntuple oro olímpico. Más bien, él mismo estuvo a punto de cometer suicidio. Una década después, Thorpe se liberó por completo de su atormentada existencia quitándose el último peso con el que cargaba, el de ocultar su condición homosexual.

«Tenía la sensación de que la mentira se había hecho muy grande. No quería que la gente ponga en juego mi integridad», afirmó Thorpe en una entrevista televisada.