Triunfa el (re)corte alemán!

El Cholo Simeone lidera la última tendencia que arrasa esntre los futbolistas: el trasquilado lateral que era el corte institucionalizado en la Europa de entreguerras


Detrás de un hombre con estilo siempre había una mujer con estilo. Primero fue David Beckham, aleccionado por la Spice Girl pija. Después Sergio Ramos, que se cortó sus agitanadas melenas cuando se topó con Pilar Rubio y (lo que hacen unas buenas tijeras), de un día para otro, se volvió guapo. El sevillano, al contrario que Sansón, ganó fuerza rapándose las greñas e incluso nos hizo olvidar que, de cultura general, el chico anda más bien escaso. Pero ahora las tornas han cambiado. Ellas ya no están al volante. No solo se ha atrevido el Cholo Simeone a meterse con (y entre) las dos Españas; sino que además ha apartado a las mujeres de la hoja de ruta. Sin dictados femeninos ha recuperado el argentino el rumbo estético que abrieron los alemanes a inicios de siglo.

Ya apuntaban maneras hacia esta estética militar los antes citados cuando sus chicas empezaron a enderezarlos; también Ricky Martin experimentó con el corte militar e incluso el norcoreano Kim Jong-un coqueteó a su manera con el tema capilar, rapado por abajo, holgado por arriba, pero ha sido el entrenador atlético quien realmente ha encauzado en España un estilo que ya reclaman desde hace algo más un año en las peluquerías neoyorquinas.

Actualizando el engominado Mijatovic de hace dos décadas, y a caballo entre el capo siciliano y el berlinés de la Europa de entreguerras, el cholismo hace suyo el curtained, y lo reinventa a base de puñados de gel fijador. El resultado es en realidad un híbrido entre las pintas de las juventudes alemanas y la estampa que hizo popular David Bowie en el año 1980. Pero entonces las reglas eran diferentes.

También el punk

Toda la cabeza se trasquilaba al cepillo cuando este porte se identificó con el punk y con el rock, menos la parte superior, de donde sobresalía un interminable y rebelde mechón de pelo que solía atusarse bien hacia un lado, cayendo sobre los ojos, o moldearse en un altanero tupé frente arriba. Ahora, el cabello que sobrevive a la maquinilla de afeitar puede adoptar dos estados diferentes: el informal, despeinado al viento, y el más responsable, que se doma, se marca estrictamente, con disciplina dictadora y un pellizco de gomina, y se conduce hacia atrás, rumbo a la nuca, bien rasurada.

«Hasta hace menos de diez años, la moda entendía esta tendencia como hortera, propia de clases sociales bajas -explica Oskar Aramburu, peluquero y maquillador de cine y televisión-. Ahora no eres nadie si no llevas un tupé bien orientado». Tres son los secretos, continúa, para conseguir el ansiado resultado, tan común últimamente en los vestuarios de los grandes estadios: un recorte preciso lateral, un secado bien guiado desde la raíz y el uso de geles, gominas o ceras para conseguir, y sobre todo mantener, el wet look. O lo que aquí también llamamos lengüetazo de vaca.

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