La epidemia de ébola de Guinea ya es la más mortífera de la historia

Raúl Romar García
r. romar REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

En Sierra Leona se han registrado cerca de 200 muertos por el virus del ébola.
En Sierra Leona se han registrado cerca de 200 muertos por el virus del ébola. reuters< / span>

Con 603 muertos dobla la cifra de víctimas de la que tenía el récord

16 jul 2014 . Actualizado a las 07:05 h.

El ébola no tiene freno. El brote surgido el pasado enero en el sur de Guinea-Conakri, que se ha extendido a las vecinas Liberia y Sierra Leona, no solo se ha convertido en la epidemia de la enfermedad con mayor mortalidad de la historia, sino que los 603 muertos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado hasta ahora doblan la cantidad de fallecidos en la crisis sanitaria que hasta el momento poseía el récord de mortalidad: la ocurrida en la República Democrática del Congo en 1976, que también fue la primera vez en la que el virus hizo su aparición y que se llevó por delante a 280 vidas.

«Seguimos teniendo un nivel elevado de la transmisión del virus en el seno de las comunidades», alertó ayer el portavoz de la OMS Daniel Epsten. Tanto la organización sanitaria como otras entidades humanitarias que operan en la zona sospechan que el virus aún está lejos de ser controlado. Y ello a pesar de que en Guinea, donde se originó, parecía que empezaba a remitir. Pero no fue más que un espejismo, porque este mes la situación ha vuelto a recrudecerse, como lo demuestra el hecho de que en solo cinco días, entre el 8 y el 12 de julio, se han contabilizado 68 muertos, aunque también es cierto que la mayoría se registraron en Sierra Leona (52) y Liberia (13).

Abrazo a los cadáveres

A la contención del ébola, para el que no existe ni una vacuna ni un tratamiento específico, tampoco ayudan las tradiciones locales. Más bien al contrario. En esta zona de África Occidental, donde hasta este foco nunca antes se había detectado ningún brote, existe la costumbre de lavar y abrazar los cadáveres en los ritos funerarios antes de enterrar a los muertos, lo que supone una vía abierta de contagios. «La gente está acostumbrada a tocar a los muertos, y eso hay que evitarlo a toda costa», advierte Reinaldo Ortuño, que estuvo de coordinador de Médicos sin Fronteras en alguno de los momentos más duros de la crisis sanitaria.

Tampoco ayuda el hecho de que entre la población local existe el hábito de comer carne de murciélago y de mono. Los murciélagos de la fruta son el reservorio natural del virus, que transmiten a chimpancés, gorilas y macacos.

«Si queremos romper la cadena de transmisión, tenemos que hacer más que solo tratar a los pacientes. Tenemos que ir de puerta en puerta, acudir a cada mercado, a cada iglesia y a cada mezquita para hablar del ébola», explica Manuel Fontaine, director de Unicef para África Occidental y Central. «Negar una última caricia a una persona moribunda es una decisión difícil, pero el ébola es un agente invisible que acecha bajo la piel y que solo se puede combatir con medidas severas», subraya Hilde de Clerck, de Médicos sin Fronteras.

A pesar de los esfuerzos y las medidas, los observadores de las organizaciones humanitarias y los médicos que trabajan sobre el terreno estiman que pueden pasar semanas e incluso meses hasta que se pueda controlar la epidemia. Los primeros casos empezaron a detectarse en el mes de enero de este año, por lo que de prolongarse la epidemia en el tiempo también se convertirá en la más duradera de las 24 que surgieron en distintos países de África desde 1976. El virus, como ocurre ahora con Conakri, tampoco había llegado a una capital.