¿Cuáles son sus inteligencias?

Hay hasta ocho habilidades diferentes y todas las personas tienen varias


redacción / la voz

En el 2011, el psicólogo norteamericano Howard Gardner (Pensilvania, 1943) fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales por el desarrollo de su teoría sobre las inteligencias múltiples. Según Gardner, hay ocho categorías de la inteligencia, todas igual de válidas; conocer cuáles están más desarrolladas en una persona facilita el aprendizaje del niño, y la vida del adulto. Este es un resumen de los diferentes tipos.

Lingüística, el dominio de la comunicación

Ubicada en la zona cerebral del lóbulo frontal, la capacidad humana para comunicarse mediante el lenguaje es universal. La tienen muy desarrollada los niños que muestran mucha destreza en el habla, o que, ya de mayores, escriben de forma muy eficaz.

Se puede fomentar animando a los chicos a escribir diarios, debatir en público, leer en voz alta...

Es especialmente útil para los escritores y aquellas profesiones en las que la comunicación de ideas sea fundamental, desde profesores a religiosos pasando por políticos y periodistas.

La capacidad de liderazgo (Emocional I)

Gardner estableció en 1983 dos inteligencias muy unidas: la inteligencia interpersonal (relacionarse con los otros) y la intrapersonal (conocerse a sí mismo); ambas conformaban la inteligencia emocional, término que desarrolló primero Wayne Payne y después popularizó David Goleman en los noventa.

De la complejidad de estas inteligencias da testimonio su ubicación en el cerebro: el lóbulo frontal, la parte más evolucionada del hombre, la última que apareció en el desarrollo de los vertebrados.

La inteligencia interpersonal está vinculada al liderazgo, y permite comprender y empatizar con los demás, pero no solo eso, es la capacidad para leer las intenciones ajenas. Esta inteligencia es especialmente útil en terapeutas, políticos y maestros.

Conocerse a sí mismo (Emocional II)

La otra «pata» de la inteligencia emocional, la intrapersonal, está vinculada al autoconocimiento: saber qué emociones y sentimientos tengo, por qué y cómo controlarlos. Es posiblemente la inteligencia más necesaria para cualquier persona, al margen de la profesión que desarrolle.

El trabajo en equipo, los juegos de mesa, el teatro son algunas de las actividades que fomentan la inteligencia interpersonal, mientras que los ejercicios de autoestima, la redacción de un diarios y la meditación de hechos y consecuencias potencian la inteligencia intrapersonal.

Naturalista, observar como forma de vida

Esta ha sido la última inteligencia en sumarse a la clasificación de Gardner (para ser consideradas tales, las «inteligencias» tienen que cumplir unos requisitos). Se caracteriza por la facilidad de una persona en la observación de fenómenos, y se da en quienes se dedican a la investigación, científica o cultural.

Los niños adoran la naturaleza y pueden pasarse largos ratos observando las filas de hormigas; ayudarles a sacar conclusiones es una manera fácil y divertida de potenciar su capacidad de razonamiento científico. Para los chicos algo mayores, la astronomía puede ser un vehículo perfecto para estimular su capacidad de observación.

¿Para quién es útil esta inteligencia? Puede aplicarse en muchos terrenos, pero sin duda los relacionados con la ciencia son los más directos, así como los vinculados a la caza y pesca.

Corporal-cinestésica, el valor del gesto

¿Su hijo tiene un magnífico pulso? ¿Destaca por su precisión al chutar el balón? ¿Es un bailarín consumado? ¿Recorta cualquier pieza a la perfección? Entonces no lo dude, tiene muy desarrollada la inteligencia corporal-cinestésica, el dominio y coordinación del cuerpo. Esto indica que la corteza motora de ese hijo está muy activa, y por tanto el niño tiene muchas posibilidades de brillar en los deportes o la danza, pero también en otros campos, como la cirugía o la joyería.

Estimular esta inteligencia es muy fácil: hacer que un niño camine por una «cuerda floja», que monte mecanos, juegue con la plastilina o haga collares con cuentas; si es mayor, el teatro y la danza son actividades interesantes, así como los deportes, jugar al diábolo o lanzar dardos.

Lógica-matemática, hacer del cálculo algo sencillo

Es el otro pilar en el que se basan las pruebas para detectar el CI, el tradicional cociente intelectual que Gardner y sus discípulos rechazan por incompleto, ineficiente e inseguro.

La inteligencia lógica-matemática es la capacidad de resolver problemas de manera lógica, así como para calcular, cuantificar y estudiar hipótesis. En el cerebro se detecta en el lóbulo parietal de los dos hemisferios, y a partir de los 40 años declina. Para estimularla, se puede animar a los niños a organizar objetos por categorías, para pasar a sudokus, adivinanzas o juegos de cartas al hacerse mayores. Se pueden plantear retos a los jóvenes, con enunciados tipo «qué pasaría si...» sobre asuntos que les interesen. Es especialmente útil para ingenieros, economistas o científicos.

Visual-Espacial, pensar en dibujos

Los niños piensan en dibujos, dice Gardner, y eso es inteligencia visual-espacial. Aunque parece lo mismo, los ciegos nos demuestran que vista y capacidad espacial no son exactamente sinónimos. Hacer rompecabezas, dibujar o realizar construcciones son ejemplos de cómo se puede fomentar esta capacidad que se desarrolla en la parte posterior del hemisferio derecho.

Con los años se puede seguir potenciando con actividades tan divertidas como jugar al billar, conducir en un circuito o realizar yincanas a través del campo. En el terreno de las profesiones, hay variedad: se piensa en arquitectura, pero también sirve para ser guía turístico, por ejemplo.

Musical, el placer innato de disfrutar del sonido

En todas las culturas humanas la música ocupa un lugar destacado. Investigaciones científicas indican que, salvo problemas fisiológicos, todos los niños tienen facilidad natural para tocar algún instrumento.

No está claro en qué parte del cerebro se concentra el proceso de creación e interpretación musical, aunque parece que lo principal está en el hemisferio derecho. Sea donde sea, potenciarlo es muy fácil: escuchar música (en discos, ir a conciertos, en clase...) y tocarla son las claves.

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