La organización estadounidense Super Scholar ha elegido a las mentes más brillantes del planeta
10 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.La mitad de la población mundial tiene un coeficiente de inteligencia (IQ) de entre 90 y 110, lo que podría considerarse normal. Un 2,5 % presentan una inteligencia muy superior a la media, por encima de 130. Pero hay un selecto grupo, el 0,5 %, a los que habría que calificar de genios, con un coeficiente por encima de 140. De ellos hay diez a los que la organización estadounidense Super Scholar, encargada de asesorar a estudiantes, ha elegido como las diez mentes más brillantes del planeta.
Es probable que no estén todos los que son y que sobren algunos, pero todos ellos, empezando por Stephen Hawking, tienen un coeficiente de inteligencia por encima de 160. Son más que cerebritos. Algunos, aparte del físico británico, son muy conocidos, como el cofundador de Microsoft, Paul Allen, o los ajedrecistas Gary Kaspárov o Judit Polgar. Otros desconocidos para el gran público, pero absolutos genios, como el matemático británico sir Andrew Wiles, que resolvió el Teorema de Fermat, considerado como el problema más difícil de la historia. También los hay jovencitos, por debajo de los 40 años, como el astrofísico Chistopher Hirata o el también matemático Terence Tao. Este último logró la medalla Fields, el equivalente al Nobel de Matemáticas, a los 31 años, y se dio la circunstancia de que su elección fue en Santiago, coincidiendo con un congreso internacional. Tanto a uno como a otro aún les esperan nuevos hitos por lograr.
En la lista también aparecen el que fue niño prodigio Kim Ung-Young, el productor televisivo Rick Rosner y el actor James Woods, una inclusión esta última cuando menos llamativa.
«James Woods non me pega nin con cola nese ránking», explica el físico Jorge Mira, el encargado de supervisar los test de ingreso en la asociación de superdotados Mensa. A su juicio, la nómina de elegidos, que no establece ningún orden, presenta dos sesgos importantes. «Por un lado -dice- é moi anglosaxona, xa que casi todos formaronse en universidades inglesas ou americanas». Y cuenta con otro déficit importante: de los diez elegidos solo hay una mujer. «A ausencia de mulleres -explica el físico- chama moito a atención, o que indica que a lista non é moi realista».
Físico, cosmólogo y divulgador científico, tiene 70 años y una enfermedad degenerativa desde los 21 años. Hizo, junto a Penrose, la predicción teórica de que los agujeros negros emiten radiación.
El coreano (50 años) empezó a hablar a los 6 meses; a los dos años leía japonés, coreano, alemán e inglés y a los cuatro resolvía cálculos integrales y diferenciales. Es físico e ingeniero.
Fue el fundador, junto con Bill Gates, de Microsoft. A sus 59 años posee múltiples compañías y, con una fortuna de más de 11.000 millones de dólares, es el 48 más rico del mundo.
El norteamericano es productor de televisión. Fue el creador de la serie «CHiPs». Desarrolló un portátil de televisión por satélite y en la actualidad es guionista del programa de Jimmy Kimmel.
En 1985 se convirtió en el campeón de ajedrez más joven de la historia, aunque ahora se ha visto superado por el noruego Magnus Carlsen. Ahora se dedica a la política y a escribir.
El matemático británico, de 59 años, alcanzó fama mundial en 1995 al resolver el Teorema de Fermat. Está considerado como uno de los grandes genios de las matemáticas.
El astrofísico, de 30 años, ganó a los trece la medalla de oro en la Olimpiada Internacional de Física. A los 14 entró en el Instituto de Tecnología de California y a los 16 empezó a trabajar en la NASA.
La húngara, de 35 años, está considerada como la mejor jugadora de ajedrez de la historia. Obtuvo el título de gran maestro a los 15 años, con lo que se convirtió en la persona más joven en lograrlo.
El australiano fue un niño prodigio. A los 13 ganó la Olimpiada Internacional de Matemáticas. A los 24 fue profesor titular en la Universidad de California y a los 31 ganó la medalla Fields.
El actor iba para piloto de guerra, hasta que sufrió un accidente. Estudió Ciencias Políticas en el MIT, pero lo dejó por la interpretación. En selectividad obtuvo una puntuación perfecta.