«En algún momento optarán por el sarcófago»


El desmantelamiento de la central nuclear de Fukushima, con sus cuatro reactores afectados por el terremoto y posterior tsunami el 11 de marzo del 2011, es una operación de una enorme complejidad y en la que todo dista mucho de estar programado. Fundamentalmente porque aún no se sabe muy bien qué es lo que se detectará en el núcleo de los reactores 1, 2 y 3. La clave es el estado en que se encontrarán las barras de combustible localizadas en su interior y que, en estos casos, sí fueron afectadas por un proceso de fusión, aunque parcial.

Es probable incluso que una vez evaluada la situación se desaconseje la retirada del uranio y el plutonio, que se guarda en una especie de tubos de cuatro metros de largo que contienen las pastillas con el material. ¿Qué hacer entonces? La solución podría ser algo semejante a lo ya ensayado en Chernóbil, el levantamiento de un sarcófago. Es una opción que se ha barajado hace tiempo, aunque todavía no se ha confirmado.

«En algún momento tendrán que optar por la opción del sarcófago, probablemente a una escala más pequeña que el de Chernóbil, pero tendrán que hacer algo parecido», explica el catedrático de Física Atómica Ignacio Durán Escribano.

Nadie duda de que el desafío que queda por delante es enorme. «El completo desmantelamiento de la central implicará desafíos sin precedentes», explicó a la agencia Afp Kiroaki Koide, profesor en el instituto de Investigación de Reactores de la Universidad de Kioto. «El alto nivel de los residuos radiactivos en los reactores será lo más difícil de tratar», constata su colega Hiroshi Tasaka.

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