La paja es el mejor material para recuperar los suelos incendiados

Evita la erosión y que las cenizas sean arrastradas al mar por la lluvia

O Pindo es un candidato idóneo para restaurar con paja la cubierta vegetal afectada por el incendio.
O Pindo es un candidato idóneo para restaurar con paja la cubierta vegetal afectada por el incendio.

redacción / la voz

La escena que siguió a la de los incendios forestales que asolaron Galicia en el 2006 fue casi tan dantesca como la de los propios fuegos: cursos de agua negra descendiendo por las laderas de los montes como un lúgubre tobogán. Eran las cenizas que acabaron depositadas en ríos y rías. Una de las imágenes más impactantes se vio en Pontevedra, donde las mariscadores sacaban a cubos el lodo negro tras comprobar cómo se había perdido su producción. ¿Qué había ocurrido? La vegetación, tras las llamas, no llegó a asentarse y las lluvias de otoño dejaron la roca pelada, erosionada. En los años siguientes que se hizo para evitar algo semejante fue restaurar el suelo con siembra de herbáceas para permitir fijar la vegetación. Pero ni esta técnica, ni otras, se habían evaluado hasta ahora.

Y esto es justo lo que acaba de hacer en cuatro parcelas de A Estrada (Pontevedra) y Laza (Ourense) un equipo del Instituto de Investigaciones Agrobiológicas de Galicia (CSIC) en colaboración con edafólogos de la Universidade de Santiago y del Centro de Investigaciones Forestales de Lourizán. Después de cuatro años de ensayos la conclusión es clara: el acolchado del suelo quemado con paja después de un incendio es el mejor sistema para evitar la erosión. No solo permite un rápido y eficaz asentamiento del suelo, sino que tampoco altera su composición físico y química y la relación coste-beneficio es la mejor.

«Tanto a adición de palla como a semente con herbáceas son técnicas caras, pero o que vimos é que o emprego da palla é o máis eficaz e máis viable», explica Montserrat Díaz Raviña, la responsable principal de un proyecto que también está dirigido a elaborar un protocolo para determinar en qué momentos es más adecuado realizar este tipo de procedimientos y en qué zonas. En teoría, los entornos en pendiente, con afectaciones severas por el fuego y próximos a acuíferos o al mar son en los que se deben centrar este tipo de operaciones. Es la forma de evitar que tanto los recursos hídricos como la producción pesquera o marisquera acaben arruinándose por las cenizas. «Hai que evitar o que ocorreu no 2006, cando as cinzas chegaron ao mar», advierte Díaz Raviña. ¿En qué zonas asoladas por los incendios de este año podrían aplicarse estas técnicas? El espacio de O Pindo reúne todos los requisitos, aunque, según la investigadora, «habería que mirar en qué puntos».

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