El Galo de Barcelos subió al espacio en globo y cayó en Melón

El artefacto se estrelló en una higuera del patio de un vecino de Vivenzo

El viaje estratosférico del Galo de Barcelos El artefacto se estrelló en la higuera de la finca de un vecino de Melón

Tres y media de la tarde en la localidad de Vivenzo (Concello de Melón), en donde habitualmente residen veinte vecinos. José Soalleiro descansa en la escalera del patio de su casa. De repente se escucha un gran golpe. Mira para la higuera y sobre ella descubre un gran globo pinchado y, en el suelo, una caja de porexpán. A pocos metros hay algo más. La figura metálica de un gallo portugués. En perfecto estado. Hay escrito un teléfono. Llama. Nadie coge.

Una hora y media antes, en la localidad de Barcelos. Un grupo de emprendedores portugueses, amantes de la tecnología están reunidos. Por fin podrán hacer realidad uno de sus sueños, lanzar a la estratosfera el Galo de Barcelos. Inspirados en otras iniciativas similares pensaron que el emblema del país también debería hacer historia. Apoyados por una asociación de ingenieros aeroespaciales de Lisboa, incluidos en el denominado Projecto Balua, consiguen un globo de helio y la tecnología necesaria para llevar el gallo al espacio, con una cámara para filmarlo todo. Y lo lanzan.

Durante una hora y media, los portugueses siguen su elevación. Ven cómo se va alejando, subiendo. Hasta llegan a contemplar una espectacular imagen de la tierra con el gallo en primer plano. De repente explota en la estratosfera, tras subir a más de 33.000 metros. Los sistemas de geolocalización empiezan a funcionar. Hay que encontrarlo,

En Vivenzo, José sigue mirando la caja. La abre y descubre en su interior varias cámaras. Delfín -vecino y familiar-, que también ha escuchado el estruendo se acerca a la vivienda. Ambos miran y remiran la caja. Además del número de teléfono, en el que nadie responde, leen algo sobre un experimento científico y el nombre de una universidad. Desde Portugal, el equipo de investigadores ha llegado a España y se dirige a la Serra do Faro, en el Concello de Melón. Saben que allí encontrarán al gallo. Es media tarde y Delfín ve cómo un grupo de seis jóvenes llegan al pueblo. Llevan un gran artefacto con varias antenas. Pasan para arriba. Vuelven para abajo. Delfín se acerca a casa de José. «José, creo que veñen polo galo», le comenta. Seguidamente se acercan los jóvenes. «Creo que buscades isto», les dice. Los portugueses les regalaron el gallo, que quedó para siempre en Vivenzo.

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