La ciencia gallega honra al monje que llevó a España a la Ilustración

Dedica el Día do Científico al padre Feijoo, también pionero del feminismo

El padre Feijoo recibe hoy el homenaje de la academia de ciencias
El padre Feijoo recibe hoy el homenaje de la academia de ciencias

Redacción / La Voz

«En grave empeño me pongo. No es ya solo un vulgo ignorante con quien entro en la contienda: defender a todas las mujeres viene a ser lo mismo que ofender a casi todos los hombres». Quien esto escribió, en su obra Defensa de las mujeres, lo hizo a principios del siglo XVIII, en una España misógina que no reconocía el derecho a las mujeres. Pero más extraño aún es que uno de los precursores del feminismo fuera un monje benedictino. Defensor de la razón frente al dogma y de la ciencia experimental frente a la superstición y los mitos, el padre Benito Jerónimo Feijoo (Pereiro de Aguiar-Ourense, 1686-Oviedo, 1764) es uno de los grandes intelectuales españoles, cuyas ideas le llevaron incluso a enfrentarse a la Inquisición y al poder establecido. Era un hombre de letras al que la Real Academia Galega de Ciencias ha convertido este año en protagonista del Día do Científico Galego. El pensador y ensayista será homenajeado hoy en la sede de la institución con un programa en el que, además de los actos académicos, se celebrarán varios espectáculos didácticos dirigidos a grupos escolares y al público en general.

El padre Feijoo fue un impulsor de la ciencia basada en la razón y en la experiencia, de un espíritu crítico que no encajaba en una España que aún vivía en el Antiguo Régimen. «Era el prototipo de un buscador de la verdad, lo que no contradice la razón y la fe, pero sí un desmitificador de mitos y leyendas, un hombre que quería que la gente fuese crítica a partir de la razón de la ciencia», explica José Luis Vélez, el prior del monasterio de Samos, donde el padre Feijoo inició su formación.

«Feijoo -relata Vélez- es el que abre a los españoles los ojos ante las nuevas ideas que vienen de Europa, los lleva a un nuevo saber, porque quería que salieran del letargo del Antiguo Régimen y se abrieran al nuevo pensamiento ilustrado europeo y enciclopedista». Y así fue como un hombre de la Iglesia introdujo a España en la Ilustración. «Su papel fue decisivo, el más importante de su época», constata Inmaculada Urzanqui, ex directora del Instituto Padre Feijoo de la Universidad de Oviedo, donde el fraile ejerció hasta su muerte como catedrático de Teología.

Fue, en este contexto, «uno de los grandes promotores de la ciencia en la España del siglo XVIII», resalta José Luis Vélez, que hoy se encargará de realizar la semblanza humana del homenajeado por la Real Academia Galega de Ciencias. «Resulta muy admirable que él, un catedrático de Teología, tuviera un gran interés por las ciencias experimentales. Quería fomentar el análisis racional de toda la realidad», apunta Urzanqui, que hoy glosará su trayectoria científica.

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El religioso no comenzó a publicar sus obras hasta 1725, una especie de recopilación de sus pensamientos que él llamaba discursos, aunque con ellos también nacía el ensayo en España. Entre sus trabajos destacan el Teatro crítico universal, en el que se encuentra la pieza Defensa de las mujeres, y Cartas eruditas y curiosas. Fue el autor más polémico y célebre de su tiempo, tanto dentro como fuera de España, ya que alcanzó amplia repercusión en Francia, Inglaterra o Alemania. «Fue, con diferencia, el autor más leído y difundido en el siglo XVIII en España», explica Inmaculada Urzanqui.

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