Cónclave corto y un papa joven

Los cardenales aseguran que están «serenos» y con las ideas claras


ROMA / enviado especial

Por si hubiera pocas teorías de las conspiraciones vaticanas, ahí va una nueva: será un cónclave corto. Lo apoya la tradición -en los últimos cien años ninguno ha superado los cuatro días-, pero también el hecho de que en la única votación que han hecho los cardenales hasta ahora, para elegir la fecha que se encerrarán en la Capilla Sixtina, la decisión se tomase por mayoría aplastante. Según el portavoz de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, por una proporción de diez a uno. Señal de que no hay tanta división de pareceres como se quiere hacer ver desde fuera, y de que los prelados tienen bastante madurada la idea de cómo debe ser el nuevo papa y quiénes reúnen el mejor perfil para ello.

Algunos dieron pistas ayer, durante las misas que los purpurados celebraron en las iglesias de las que son presbíteros en Roma -en recuerdo de que al principio del cristianismo era el pueblo romano, y después los párrocos de la ciudad, quienes elegían al papa-. Por ejemplo, Rouco Varela, titular de San Lorenzo in Dámaso, una basílica situada en pleno centro, junto al palacio de la Cancillería. El arzobispo de Madrid exhortó a que el próximo pontífice tenga «fuerza, dinamismo y corazón» para ayudar a que Europa recupere el camino de la fe. Rouco, que ofició una misa solemne, con procesión y coros, reunió a medio centenar de personas, la mayoría feligreses de la parroquia. Al terminar los recibió en la sacristía, donde una mujer lo animó de cara a la cita decisiva del martes: «Que le ilumine el Espíritu Santo», le dijo. «Eso, eso, a ver si le hacemos caso», respondió el vilalbés.

Otro elector español, el sevillano Carlos Amigo, respondió ayer así a la pregunta de si ha llegado el momento de un papa de América o África: «Dios entiende todos los idiomas». Amigo reveló que entre los purpurados no hay angustia por la trascendental tarea que tienen por delante, sino «serenidad y paz».

Algunos de los favoritos echaron balones fuera, como Angelo Scola, que se limitó a decir que el nuevo papa tiene que ser «santo», o Sean O'Malley, que dio por hecho que no saldrá elegido y estará en su diócesis de Boston en Semana Santa. El sudafricano Wilfrid Foz Napier se mojó más y aseguró que el sucesor de Benedicto XVI debería tener entre 60 y 67 años.

La edad, importante

La cuestión de la edad no es un tema menor, ya que la renuncia de Benedicto XVI, oficialmente por falta de fuerzas y de espíritu para afrontar el pontificado, ha sido considerada por muchos un precedente que marcará a sus sucesores. En 1970, Pablo VI impuso la jubilación a los 75 años a los obispos y cardenales, y vetó la entrada en el cónclave a los mayores de 80. Los sectores más anquilosados de la curia nunca lo aceptaron. Pero el abandono de Ratzinger ha abierto los ojos a muchos. Es sabido que otros papas también pensaron en dimitir -el propio Pablo VI o Juan Pablo II-, aunque nunca se atrevieron a hacerlo. Si el nuevo inquilino de la silla de Pedro fuera mayor de 75 años, en poco tiempo se encontraría en la misma tesitura.

De este y otros temas podrían hablar hoy los cardenales en la última de las Congregaciones Generales. En total, las intervenciones hasta ahora han sido 133; a partir de mañana hablarán los votos.

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