«En el Vaticano hay pecado, pero también mucha santidad»

Nacho Mirás Fole

SOCIEDAD

PACO RODRÍGUEZ

A José Rodríguez Carballo, ministro general de la Orden Franciscana, la renuncia del papa le causó gran tristeza, pero respeta su «gesto heroico»

17 feb 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

Al ministro general de la Orden Franciscana, José Rodríguez Carballo (Lodoselo, Ourense, 1953), la dimisión de Benedicto XVI lo pilló en Celaya, México, estado de Michoacán. «Eran las 4.00 y me llamó mi secretario personal -cuenta-; ya no pude seguir durmiendo». Fray José se encuentra ahora en la India, un país con muchas vocaciones, adonde ha ido para prestar atención a las casas de formación; al semillero de Dios.

-¿Qué fue lo primero que pensó cuando lo despertaron?

-Me dije: no es posible. Luego sentí profunda tristeza. No me lo esperaba. Lo había saludado personalmente el 2 de febrero, después de haber concelebrado con él. Nada me hubiera llevado a pensar que sería mi último saludo personal a Benedicto XVI como obispo de Roma y sucesor de san Pedro. Siempre he visto en Benedicto XVI al Señor Papa, como quería San Francisco. Siento un gran afecto por él, se gana el corazón de cuantos lo conocen de cerca.

-¿Lo ha encajado?

-Me sigue costando. Pero veo su renuncia con mucho respeto, fruto de mucha oración y de una gran lucidez. La historia juzgará este gesto como un gesto heroico.

-¿Es un golpe a la Iglesia? ¿Un momento de inflexión?

-Después de la natural sorpresa y de la tristeza que me causó su renuncia, hoy la interpreto como un gesto de gran amor a la Iglesia y de profunda libertad evangélica. No es un golpe ni una inflexión. Ha cumplido su programa, el que dijo en su primera homilía como papa. Es el ejercicio responsable de su alto ministerio. No solo hemos de respetar su decisión, sino admirarla por su carga profética.

-Es difícil saber quién será el sucesor. ¿Tiene un favorito?

-Es imposible. Lo importante es que sea el que el Señor quiere para su Iglesia. Mi favorito es aquel que el Señor nos dará. Creo que el sucesor de Pedro deberá ser un hombre de Dios, que tenga la sabiduría y las energías necesarias para enfrentarse a los grandes desafíos que tiene en este momento la Iglesia, ad intra y ad extra, entre ellos el de su renovación profunda y el de la nueva evangelización.

-¿Se imagina un papa gallego?

-No mi importa que sea gallego, europeo, africano, asiático... Eso no responde a los criterios evangélicos, que son los que cuentan en el tema que estamos tratando.

-¿Cómo se encaja la contraposición que existe entre la ostentosa arquitectura vaticana y la pobreza que predicaba san Francisco de Asís?

-San Francisco vivió radicalmente el evangelio con una vida marcada por el «sin nada propio», en pobreza absoluta, pero nunca despreció a quienes vivían de otro modo. Y así nos lo pide a sus seguidores. Lo que más cuenta es el corazón y nuestro modo de comportarnos con las cosas. Ello no impide que la Iglesia haya de esforzarse en vivir cada día más al lado de los pobres, lo que comporta, en muchos casos, revisar opciones y adecuar estructuras.

-¿El Vaticano es ese lugar de intrigas que algunos nos creemos?

-Creo que se exagera. Como en toda institución humana, también en el Vaticano hay problemas que todos conocemos. A veces son situaciones escandalosas que llaman a la conversión. Pero el árbol caído no puede hacernos olvidar que el bosque se mantiene en pie. En el Vaticano hay pecado, pero también mucha santidad; basta abrir los ojos.

nacho.miras@lavoz.es