Lo imposible no es la última película de Juan Antonio Bayona, sino lo que hace Cáritas por ayudar a quienes en nuestros días padecen el tsunami de la pobreza y la marginación. Su labor es inmensa: atiende a desempleados, a inmigrantes, a discapacitados, personas mayores, jóvenes... Les ayuda a cubrir las necesidades más básicas -comida, ropa, alojamiento o medicinas- y defiende sus derechos en un mundo anegado por la ola de la deshumanización. La aportación realizada por la Fundación Amancio Ortega es la donación particular más alta que la organización católica recibe en sus 67 años de acción social, una inyección extraordinaria que servirá para afianzar una labor que beneficia a cientos de miles de personas. Según el Instituto Nacional de Estadística, el 21,1 % de los españoles se encuentra por debajo del umbral de la pobreza. Es preciso, pues, que la generosidad demostrada por la fundación gallega cunda como ejemplo, para que Cáritas pueda seguir haciendo lo imposible.