«No puedo enseñar español si no vengo aquí»

e. á. santiago / la voz

SOCIEDAD

Elisa Álvarez

Tres universitarios de intercambio hablan del programa Erasmus

05 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Cafetería de la Facultad de Filología de Santiago poco antes de las doce del mediodía. Se agrupan por mesas los nuevos, los más veteranos, y los estudiantes Erasmus. Más bien, todos los que proceden de programas de intercambio. Antje Dreyer y Verónica Zaloudková, erasmus de Alemania y República Checa respectivamente, y Ethan, de Canadá.

Aunque están informados -«mi compañera de piso trae el periódico todas las mañanas»- han oído poco de la búsqueda de fondos para pagar este tipo de becas para los 213.000 alumnos pendientes. Los tres estudian Filología Hispánica en Santiago, y Ethan lo compagina, además, con la especialidad de francés. Hacer un Erasmus al estudiar una filología es poco menos que una obligación para estos estudiantes. «Si quiero ser profesora tengo que venir a España. Yo no puedo enseñar español a alumnos si no conozco perfectamente la pronunciación, y eso no puedo hacerlo en la República Checa», dice Veronika, que cumplirá 25 años en diciembre.

Los otros dos alumnos del centro compostelano coinciden en que se trata de una oportunidad que hay que aprovechar para defenderse con soltura en la lengua que estudian. «No tiene mucho sentido quedarse en República Checa para dominar el español», añade Veronika.

Pagos al día

De momento, no temen por sus becas. Más aún, afortunadamente Antje ya ha cobrado casi todo el importe. En Alemania, sostiene, el 80 % de la ayuda se recibe antes de viajar a la universidad elegida si se cubre una serie de formularios. Al regresar es preciso completar más documentación para recibir el 20 % restante. Antje vio en Facebook las noticas sobre la falta de fondos de este programa comunitario pero, de momento, está tranquila. En el caso de la estudiante checa está pendiente de cobrar algo menos de la mitad de la beca.

No es para pobres

No obstante, y aunque se trata de un programa de intercambio que permite que los estudiantes cursen parte de su carrera universitaria en otro país pese a no tener muchos recursos, Antje recuerda que desafortunadamente tampoco es un programa para los menos pudientes: «Es bueno porque te apoyan económicamente, y es una ayuda muy importante. Pero no es suficiente para la gente que no tiene un respaldo detrás».

Otra de las ventajas que destacan estos jóvenes es la convalidación de asignaturas, pero matizan que no en todas las universidades se produce de manera automática. De hecho, Antje asegura que a ella le homologarán los 24 créditos que está cursando en Santiago, pero en otras instituciones académicas de Alemania no se produce esta convalidación directa.