Rara es la variedad tinta gallega cuyos orígenes no se hayan rastreado en Francia. Las confusiones están a la orden del día y vienen de viejo: mencía y cabernet franc, mouratón y malbec, negreda y jurançon noir... Hay un caso, sin embargo, para el que el parentesco francés parece justificado. El merenzao, también conocido como maría ordoña, carnaz, godello tinto o bastardo, según la zona de Galicia en la que se cultive, tiene todos los boletos para ser la misma uva que el trousseau con el que se elaboran algunos de los mejores vinos del Jura, región situada entre Borgoña y Suiza que fue una antigua posesión española del Franco Condado. Se trata de una variedad muy singular, diferente a cualquiera de las que pueblan los viñedos gallegos, que proporciona vinos engañosamente delicados, con profundidad, verticales en su estructura.
Un perfil del que se enamoró Dominique Roujou nada más poner los pies en Ponte da Boga, en el 2007. El Capricho de Merenzao ya figuraba entonces en el catálogo de esta bodega de la Ribeira Sacra, pero la impronta del enólogo francés se nota en las últimas elaboraciones, muy estilizadas, con una madera imperceptible y una expresión muy nítida del terruño de procedencia de la uva. En la del 2009, el vino lleva un porcentaje minúsculo de sousón, albarello y mencía. Y se nota. Es menos especiado, más frutal que un tinto exclusivamente de merenzao. Posee, por lo demás, esa frescura tan característica de la Ribeira Sacra, donde hasta el vino más maduro consigue ser esbelto.
Capricho de Merenzao 2009
Ponta da Boga
Ribeira Sacra
30 euros
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