España también secundó las protestas


Con un candado simbólico gigante la XXXII marcha contra la central nuclear de Santa María de Garoña, en Burgos, concluyó ayer a la puerta de la instalación, con el accidente de Fukushima en el recuerdo y como argumento para urgir su cierre ya. En el manifiesto se ha vuelto a incidir en que el accidente de Japón «ha desmentido la seguridad nuclear» que se vende, en cuanto a que las centrales están preparadas para resistir terremotos, y ha recordado que la «energía nuclear no es renovable, ni segura, ni limpia».

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España también secundó las protestas