El paraíso de Michael Knight

SOCIEDAD

Comparado con los vehículos tuneados que se pueden ver en Rábade ?este fin de semana, el «coche fantástico» se queda en un vulgar coche patético

16 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Si al hortera de Michael Knight se le ocurriera inscribir al legendario Kitt en la primera Concentración de Tuning Vila de Rábade, que hoy concluye en la localidad luguesa, el coche fantástico no pasaría, sin duda, de ser el coche patético. «Kitt quédase curto, mira todo o que hai aquí», dice Daniel Esmorís, un coruñés afincado en Badajoz que, entre otras mejoras, le ha incluido a su Opel Calibra una pecera, con sus pececitos de colores vivitos y coleando.

Alguien que le mete una pecera al coche tiene que ser una autoridad en el ramo. Daniel dice que, sin contar lo que costó el coche -que ya tiene sus años-, en tunearlo se habrá dejado unos 20.000 euros, quizás algo más. Como de buena parte del centenar de turismos inscritos en la concentración, del coche de Daniel llaman la atención muchas cosas: la pintura; los acabados interiores -se ve mucho cuero de colores, mucha alfombra-; la amortiguación neumática independiente en cada una de las cuatro ruedas; y el sistema de apertura de puertas LSD, escrito como el alucinógeno, que hace que se abran en vertical. «Se le ha cambiado prácticamente todo -cuenta el aficionado-, poco más queda del original que el chasis».

En una concentración como la de Lugo también hay premios. El jurado debe valorar el resultado de lo que cada propietario ha intentado hacer en su coche, con mayor o menor éxito: mejor iniciado, mejor iluminación, mejor vinilo, mejor aerografía... incluso hay reconocimiento para el tubo de escape más ruidoso y para la mascota mejor tuneada.

Los máximos responsables de este primer encuentro en Rábade son los hermanos Karina y Moisés Fernández Caamaño.

Junto al coche de Karina, Moisés dice que en esto siempre se empieza igual, independientemente del vehículo que uno escoja: «Un bo equipo de música, unhas llantiñas, un pouco de pintura... e vas mellorando pouco a pouco».

Al final, lo que queda es un coche completamente modificado, ampliado, con alerones de fibra e incluso de carbono... «A pasta que te podes deixar é infinita, sempre estás cambiando; habendo cartos, nunca se para», dice Moisés, que reconoce que, a menudo, sale más caro el tuneo que el propio vehículo original.

Daniel Esmorís dice que en su Calibra no habrá invertido menos de trescientas horas de trabajo, peces de colores incluidos -por cierto, que viven siempre en el coche, noche y día- y explica que, a menudo, la Guardia Civil les da el alto para comprobar que todo esté en regla y convenientemente homologado. Por eso Estados Unidos es el paraíso del tuning, porque allí cada uno es libre de personalizar su coche como mejor le parezca. «Hay que pensar una cosa: los que tenemos coches tuneados nos preocupamos muchísimo por tenerlos siempre perfectos, cualquier vehículo tuneado está siempre perfecto». Debe de ser cierto: Leonardo Castro, que viene de Lugo, muestra orgulloso su Golf tunero con doce pantallas en el interior, aunque confiesa que quería instalar veinte.