La Madre de todas las fiestas

SOCIEDAD

Cascallá, en Becerreá, fue una de las cientos de parroquias que ayer honraron ?a santa María, una celebración donde no faltan la verbena, los «foguetes» y la comida

16 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

A M.ª Jesús, «a da Casa do Xastre», la noche se le hizo corta. No pegó ojo. Alicia, su madre, el día anterior tampoco paró. La primera tuvo que atender el bar de la fiesta en honor «á Nosa Señora» en la parroquia de Cascallá, en Becerreá. No estuvo sola. También hicieron vigilia tras la barra Rocío y Yoli, sus socias en la organización, las ramistas de una fiesta que llevan preparando desde hace un año. La segunda estuvo cocinando. Haciendo rellenos de empanada para todos los gustos y ensaladilla para treinta. Fue el making off de un gran día que, igual que ahí en Cascallá, donde sus 300 habitantes habituales se multiplican por dos en verano, se repitió ayer en todas las parroquias de Galicia que honraron a santa María. El guión fue común para todas: misa solemne, procesión, vermú, orquesta o dúo, baile, foguetes, platos y platos «como para unha boda» y, sobre todo, «que non falte ninguén».

«A pasalo ben, e mañá, aínda que non hai festa podedes ir á misa, que as honras á Nosa Señora continúan», animó don Manuel de Neira de Rei, el cura, a los feligreses. Lo hizo justo después de la procesión. La comitiva, encabezada por Rocío y Yoli con Virgen al hombro, avanzó en círculo por el campo de la fiesta al ritmo que marcaban los foguetes que tiraban en un lateral del recinto. La imagen regresó luego al palco de la orquesta para ver el baile desde arriba. A su derecha, la cantante animaba a las parejas a arrimar los cuerpos para bailar «esos ojitos que me tienen locaaaa...». La gente se fue animando. Algunos más que otros. Los que no se atrevieron con «el agarrado», probaron con el suelto. Los que ni de una manera ni otra, se arrimaron a la barra para entonar para sus adentros un «¡que viva el vermú, la coca-cola, los quintos o hasta un agua mineral!». Porque con el calor que cayó sobre la montaña lucense no había refrigerio que llegara.

Abajo, en la Casa do Xastre, en A Lagua, Alicia, con sus hermanas Pilar y Maruja, que viven en Sarria, fríen las patatas para acompañar con el lacón. «¿Queredes un churro? Sobraron de onte á noite», dice. Porque en la madrugada del sábado hubo chocolate con churros para todo el pueblo. «Encargáronos a Lugo, leváronos para Fonte da Salud e despois comeron todos», cuenta. Porque la noche fue larga. En Cascallá no hay horario de cierre, como en los pubs. «A xente foise da verbena ás seis da mañá, pero aquí estivemos ben ata as sete, enchendo as neveras... E hoxe pola mañá ás dez fumos buscar a Virgen para baixala para o campo. E onte [por el viernes] tamén houbo que ir traballar», explican a una las tres ramistas.

El goteo de invitados comienza a A Lagua. El sonido del hielo cayendo sobre el cristal ameniza el aperitivo. Fuera, a la sombra, los que van llegando toman un refrigerio. En la cocina, se abre la nevera y comienza otra procesión. Esta vez de comida. Fuentes de ensaladilla van inundando la mesa, luego va la empanada, el lacón asado, el vino. Como para una boda.