«Nunca te haces una idea de lo que hay en el Sur hasta que lo ves», relata Begoña Hermida desde uno de los países del mundo más castigados por el sida y la malaria
18 may 2009 . Actualizado a las 16:19 h.«Una de las cosas más importantes es abrir tu mente a nuevos mundos, te hace ser más tolerante, solidario y humilde, y trabajar con y para las personas crea una gran satisfacción que difícilmente se consigue con otras actividades». Así explica Begoña que los tres últimos años de su vida hayan estado, de una u otra forma, vinculados a África. «Aunque -admite- para hacer todo eso tampoco hace falta trabajar en cooperación».
En el continente más pobre acaba de entrar en la treintena, en un país, Mozambique, en el que sobrevivir es un sacrificio diario. Antes fue Senegal, participando como enfermera voluntaria. «Asistí a mi primer parto africano, una niña preciosa que nos despertó a las cuatro de la mañana, pero que me alegró el corazón al verla. Fue asombroso para mi mente europea sentir la valentía y el amor de una madre de 20 años que daba a luz a su tercer hijo». En el mismo sanatorio vivió también esto: «Atendí a una joven de 19 años en fase terminal de una enfermedad no diagnosticada por no tener dinero para acudir al médico, y nosotros decidimos llevarla al hospital más cercano, pero su madre no quiso porque nunca había estado en uno y no quería que su hija fuese. Por más que lo intentamos, no lo conseguimos, y al día siguiente se iba para su casa a esperar el final».
Su formación es la que, en cierto modo, la ha llevado hasta el lugar en que está. Tras acabar Enfermería en Santiago, emigró a Francia, al hospital de un barrio periférico de París, donde entró en contacto con otras culturas, con otro color de piel, con otras religiones, con otros contextos. «Fue uno de los momentos que marcó la voluntad de querer trabajar en lo que ahora estoy». «Cuando estudias una carrera sanitaria -apostilla- lo haces porque tienes la vocación de servir a las personas».
Su tarea ahora en Mozambique es una lucha constante por la vida en un país con cifras de espanto: un 16% de la población está afectada por el sida o el VIH. «Ha pasado de ser inicialmente un grave problema de salud a convertirse en uno de los principales obstáculos para la promoción del desarrollo en estos países», continúa. Es el único país en la región en la que el índice de prevalencia de esa enfermedad sigue al alza. Más: el paludismo, mal prácticamente desaparecido en España, es la primera causa de muerte y en algunas zonas del país hasta un 80% de los niños menores de 9 años están infectados por parásitos de la malaria. Sin contar los casos de tuberculosis. «Y aquí estamos, para mejorar todo el sistema de salud del país y erradicar esas grandes endemias, aunque está muy lejos».
Hay trabajo de sobra donde apenas se cuenta con 600 médicos para 20 millones de habitantes, el índice por habitante más bajo del planeta, y más de un tercio de la población vive con menos de un dólar al día. Begoña, que tutela la ayuda española y gallega que allí llega (desde la coordinación de fondos hasta el apoyo al Ministerio de Salud mozambiqueño) echa en falta «infraestructuras y recursos para hacer que algo sencillo no se convierta en una montaña». «Mi trabajo me da muchas satisfacciones -dice pese a todo-, y la principal es saber que lo que hago sirve y servirá para mejorar la vida de algunos que más ayuda necesitan en este desequilibrado mundo».