Que el tabaco daña al que fuma y a los que lo rodean es algo que todo el mundo sabe. Ahora bien, que afecta más a los hombres que a las mujeres era una circunstancia desconocida. Y esto es lo que ha demostrado el informe Help Comets, realizado por la UE en los 27 países que la componen, mediante 221.655 mediciones de aire expirado (12.373 en España) por fumadores y no consumidores.
Según este trabajo, las mujeres sufren menos daños a causa del tabaco que los hombres. La razón es que las hembras inhalan menos cantidad de monóxido de carbono (CO) en cada calada, debido a que dan menos y, además, con menor intensidad y profundidad, por lo que sus pulmones reciben menos humo. Los datos de las mediciones son contundentes: las mujeres fumadoras europeas tienen una media de 15 partículas de CO por millón, mientras que en los hombres se sitúa en 17,8. Entre los españoles los resultados son similares, pues las féminas consumidoras alcanzan las 15,7 partículas por millón, y los hombres, 17,6.
Algo similar sucede con las personas que no fuman, ya que la investigación ha revelado que las mujeres no consumidoras tienen 3,2 partículas de CO por millón, frente a las 3,6 de los varones. En el continente, la media de las mujeres repite el 3,2 de las españolas, frente al 3,8 de los hombres. Se considera que este elemento químico es peligroso para la contaminación ambiental cuando sobrepasa las 8,85 partículas por millón.
La forma de consumir un cigarrillo es cuestión de sexos. De tal manera que estas diferencias pueden tener implicaciones en los tratamientos, según explicó Carlos Jiménez, coordinador del grupo de tabaquismo de la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica, pues las mujeres fuman para disfrutar del cigarro y los hombres lo hacen para aminorar el síndrome de abstinencia que provoca la nicotina. Esto conduce a que los tratamientos con fármacos bastarían para la deshabituación de ellos, mientras que los de las mujeres deberían ir acompañados de apoyo psicológico.
Otra conclusión del informe es que se ha producido una reducción progresiva de los niveles de CO desde el 2006, tanto en fumadores como en los que no lo son.