La Facultad de Medicina de Santiago recibe diez cuerpos al año, que utiliza para prácticas de alumnos y especialistas
27 dic 2007 . Actualizado a las 10:56 h.La Facultad de Medicina de Santiago conserva en una vitrina el cuerpo de una famosa castañera, utilizado durante años para prácticas de su alumnado. Lo disecó el ex rector y promotor de la escuela anatómica compostelana Francisco Romero Blanco, fallecido hace ya más de 89 años, con un trabajo magistral que se mostró incluso en la exposición de los 500 años de la USC y que se tiene como un modelo de buen hacer, según explica el catedrático de anatomía Javier Jorge Barreiro.
La formación de médicos necesita cadáveres en los que estudiar y conocer directamente las partes del organismo y experimentar nuevas técnicas quirúrgicas, y cada año se reciben una media de diez para ese fin. Esta semana, el alumnado de anatomía realizó prácticas en un laboratorio con cerebros reales, procedentes de personas fallecidas; y un grupo de cirujanos ortopédicos practicó sobre cadáveres técnicas de cirugía mínimamente invasiva de prótesis de cadera.
«Antes de aplicar la cirugía en enfermos vivos, es mejor enfrentarse a sus complicaciones en cadáveres, en los que las equivocaciones no trascienden, y aprender de los posibles fallos», explica Jorge Barreiro.
A Santiago también acude alumnado de la titulación de Ciencias da Saúde de la Universidade da Coruña con el mismo fin de aprender y practicar. La Facultad de Medicina compostelana siempre dispuso de cadáveres donados para esa finalidad.
Hasta 1977 los cuerpos procedían de orfanatos, asilos, psiquiátricos, centros de caridad y otras entidades donde fallecían personas cuyos cadáveres nadie reclamaba, por lo que se destinaban al uso científico. Hace 30 años se estableció un registro y un protocolo: hay que hacer una solicitud para ser donante, la Facultad debe aceptarla y posteriormente conceder un número y un carné. El único requisito es que, cuando la persona muera, sus parientes o allegados llamen a un número de teléfono. Una conocida funeraria de Santiago se ocupa entonces del traslado, con todos los gastos asumidos por la Universidad.
Javier Jorge Barreiro explica que, si el óbito ocurre en el domicilio, el cuerpo debe ser recogido a poder ser en las primeras 24 horas, para aplicarle los tratamientos necesarios para su conservación. Si la muerte se registra en un hospital hay más tiempo, siempre que el cuerpo se preserve en cámaras frigoríficas apropiadas.
Hasta ahora, los cuerpos se utilizaban un promedio de unos tres lustros. Pero el año pasado Medicina realizó una importante inversión con el fin de usar técnicas de frío, más duraderas. Cuando los cuerpos dejan de utilizarse, son enterrados en unos nichos de que dispone la Universidad, en el cementerio de Boisaca, o incinerados.
Mejor donar órganos
Barreiro explica que siempre recomiendan la donación de órganos, pues salvan vidas. Pero si, por cualquier circunstancia, los órganos no son de utilidad, el cuerpo siempre puede servir para el estudio en la facultad. Solo se rechazan si han sido operados recientemente o si se les extraen órganos, pues eso dificulta la conservación.
«Los fallecidos suelen ser de edad avanzada. Tenemos unas existencias satisfactorias, pero cuanto más recibamos más posibilidades habrá de formar e investigar, por lo que siempre estamos abiertos a nuevos donantes», indica Barreiro.