Un restaurante ourensano, Mamma Mía, limita el consumo de tabaco domingos y festivos para afianzar la clientela familiar
29 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.De lunes a sábado se puede fumar; en el espacio reservado para ello, pero con el café, incluso entre bocado y bocado, que de todo hay, puede cualquier cliente del Mamma Mía echar mano del pitillo y el mechero. Sin embargo, los domingos y los festivos, no. La clientela es sustancialmente diferente, y el criterio, en consonancia, también lo es. Llevan en la casa su tiempo con esta medida y hasta ahora, según dice el responsable del local, Alberto Vázquez, les ha funcionado de maravilla.
Aquí, como en otros establecimientos de hostelería de esos que disponen de una buena extensión de metros cuadrados, la empresa arbitró un espacio para confinar a los adictos a la nicotina y el alquitrán en forma de humo aspirado. Hay en torno a sesenta sillas en esta área, mientras que en la de no fumadores la cifra ronda el centenar.
La cohabitación resulta, en opinión del jefe, ejemplar. Se trata de dar al cliente lo que pide y, si existe público para las dos zonas, se habilita y no se hable más. Así funciona de lunes a sábado, sin conflictos.
Domingos y festivos, sin embargo, el panorama era muy diferente. El ambiente familiar y, sobre todo, los niños aconsejaban andarse con pies de plomo. Uno, por respeto; dos, por la visita de la inspección sanitaria. O viceversa, allá cada cual. Sea cual fuere el orden, lo cierto es que en esta casa llegaron a la conclusión de que era preferible quedarse con la familia y, si la madre, el padre, el abuelo, o el chaval mismo quería echarse el pitillito, pues que saliese a la calle. Si se prohibía fumar, se ganaba en tranquilidad; de paso, se garantizaba la clientela, que tampoco está el panorama como para cerrar puertas. Y ahí está, con sus cartelitos en la puerta, uno en castellano y otro en gallego, para que nadie se llame a engaños, en los que se advierte de la peculiaridad en cuanto al fumeteo puertas adentro.
Reflejos y adaptación
Sortear de la mejor forma posible el impacto de la legislación sobre el tabaco, particularmente en el sector de la hostelería, es lo que han tratado de hacer todos los empresarios, algunos con la dificultad añadida del emplazamiento en galerías o centros comerciales. Más de uno ha culpado directamente a la normativa sobre el tabaco del cierre de su establecimiento, pero otros, como ha ocurrido en este caso, han hecho gala de reflejos y adaptación al medio. «Fuimos a Sanidade, le expusimos nuestro deseo, nos confesaron que era una propuesta novedosa, pero tampoco nos pusieron objeciones», dice el responsable del Mamma Mía, un local que ya ha cumplido cinco años de funcionamiento en el centro urbano de Ourense.
¿Que algún habitual deja de entrar el domingo porque no puede fumar? Pues sí, pero compensa, dice Alberto Vázquez, quien apunta que la sala del humo se nutre fundamentalmente de grupos donde no todos son fumadores. «La verdad es que basta con que haya una persona que pida entrar en el área de fumadores para que el resto del grupo acepte. Puede llamar la atención, pero es así. En esos casos, casi siempre transige el no fumador», observa.