El mal de las oficinas

Beatriz Pallas REDACCIÓN

SOCIEDAD

Reportaje | Tres de cada diez centros de trabajo perjudican la salud Los sindicatos aseguran que no se ha declarado en Galicia ningún caso de afectados por el síndrome del edificio enfermo, una afección de síntomas difusos que va en aumento

30 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Tres de cada diez oficinas están «enfermas», según las cifras que ofrece la Organización Mundial de la Salud relativas a los edificios que ocasionan alteraciones en la salud de sus usuarios. No obstante, los expertos en calidad ambiental aseguran que esta cifra puede ser aún mayor e ir en aumento, ya que cada vez son más los inmuebles herméticos y climatizados, muy eficientes desde el punto de vista energético pero con grandes deficiencias en su ventilación y equipamiento interior. Los sindicatos gallegos (CIG, Comisiones y UGT) aseguran que en Galicia no se ha declarado por el momento ningún caso de enfermedad laboral ocasionada por el denominado síndrome del edificio enfermo , pero no descartan que en la comunidad puedan existir casos sin detectar. «La sintomatología es tan difusa que resulta complicado llegar a la conclusión de que el problema se debe al edificio donde se trabaja», explica Vicente Domínguez Hernández, jefe de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Juan Canalejo. Irritaciones de ojos, nariz y garganta, dolor de cabeza y cansancio son algunos indicadores comunes, pero tan genéricos que pueden atribuirse a cualquier afección. Baremo de la OMS La OMS determina que son precisos un 20% de trabajadores con síntomas similares para determinar que el mal procede del entorno laboral. Los últimos casos detectados en Barcelona presentan lipoatrofia semicircular, que afecta al tejido graso subcutáneo de los muslos y que algunos en principio confunden con celulitis. La lipoatrofia está relacionada con un alto contenido de electricidad estática en el mobiliario de trabajo debido a una baja humedad relativa y escasas tomas de tierra, algo frecuente en suelos técnicos de materiales aislantes. Aunque la lipoatrofia pueda sonar nueva, «empezó a detectarse en los setenta en edificios cerrados en los que nunca se cogía aire del exterior para no tener que enfriarlo ni calentarlo», dice Gloria Cruceta, presidenta de la Federación Española de Empresas de Calidad Ambiental Interior (Fedecai).