Si hay un desfile de moda interior maravilloso y espectacular es el que anualmente organiza Victoria's Secret en Nueva York y que tiene, o al menos eso creo, a los ángeles siempre como hilo conductor. Pues resulta que ahora la marca de piezas íntimas ha sacado un perfume que ha llamado Dream Angels Heavenly, que en mi inglés macarrónico traduciría por El sueño de los ángeles celestiales (o algo parecido). Lógicamente, forma parte de su línea de productos angelicales . Para presentar el perfume, la casa ha echado mano de tres de sus estrellas habituales más rutilantes: Karolina Kurkova, Gisele Bundchen y Adriana Lima . Aquí las ven, maravillosas, brillantes y con ese aspecto entre glamur y salud tan fabuloso... y con unas alas realizadas por Martin Izquierdo , y que serán subastadas en la casa Ebay para una entidad que ayuda a jóvenes con problemas. Y estas chicas tan estupendas me permiten lanzarme de cabeza al revisteo rosa que esta semana viene algo animadillo, aunque tampoco para tirar cohetes, no crean. Primero les voy a hablar de Cuore , la nueva revista del ídem que ha sacado el Grupo Zeta y que está muy graciosa. Es un cruce entre el Qué me dices y Cosmopolitan . Nace con vocación de gustar y ya de entrada presentan un reportaje más que interesante: la celulitis de las famosas. No se lo pierdan, porque es la típica historia que anima al más pintado. ¿Sabían que los traseros y piernas de Uma Thurman , Nicole Kidman o Sharon Stone parecen haberse caído de un naranjo valenciano? ¿Y que Jerry Hall tiene una retaguardia que es un cromo? Tampoco es para matar la de Donatella Versace , aunque sigue siendo más fea de frente. Una maravilla de reportaje, lo que les digo. Las marcas tradicionales no ofrecen sorpresas destacables, aunque como la foto de hoy no es muy grande, me puedo parar un poco con ellas. Del Hola me quedo con la foto de la hija de Ernesto de Hanover y Carolina de Mónaco, que, pobre, salió a su padre; con la despedida de la infanta Cristina a don Juan Carlos en la puerta de su casa nueva, en donde se la ve echa un cromo, un punto de normalidad ante tanto glamur en cuché. Y por supuesto, el reportaje a Brooke Shields con su nueva hija, Grier , dejando claro que la depresión postparto sólo la sufrió con Rowan , su primera nena. Diez minutos saca una imagen de Alejandro Agag y Ana Aznar de paseo con sus retoños por el Londres más chic, aunque ella va peinada como si no tuviese ayuda en casa. Semana nos alerta de una crisis en la relación entre Rosa (de España) y su novio, Pablo Muñoz . Lecturas , por su parte, no saca novedades: boda de la hija de Camilla , funeral casi de Estado en México a Rocío Dúrcal y baronesa Thyssen con Pilar Bardem . Antes hablé de ella en la lista de guapas con celulitis. Me refiero a Jerry Hall, ex modelo, actriz pero, sobre todo, ex de Mick Jagger . De ahí le viene su amistad con Keith Richards que, ya saben, se cayó de un cocotero en Australia y casi se queda en el sitio. Según dijo Hall, el guitarrista de los Stones se encuentra «muy bien» después de someterse a una operación en la que le extirparon un coágulo del cerebro. La rubísima se mantiene en contacto con la familia de Richards para ver cómo evoluciona. Cannes lo descubrió un noble inglés Para que lo sepan, Cannes es famoso desde hace cuatro días. Bueno, tampoco es eso. Cannes empezó a hacerse conocido a mediados del siglo XIX (anteayer, vamos) cuando en 1834 Lord Harry Brougham and Vaux , ex canciller de Inglaterra, se dirigía a pasar el invierno en Italia, que era lo que estaba de moda. Sin embargo, el país trasalpino sufría una epidemia de cólera y Brougham se tuvo que quedar en el pueblo marinero de Cannes con su hija Eleonore , a quien llevaba para curarla del pulmón. Una vez allí eligió el único hotel que había, Le Relais de la Poste, y comió bouillabaisse , la sopa de pescado típica de la región, y desde entonces se dijo que aquél era su sitio. Como megaristócrata que era atrajo a sus amigos millonarios y desocupados en el verano y poco a poco la ciudad se convirtió en lo que es hoy. También ayudó que el cónsul de Francia en Moscú, Eugène Tripet, y su esposa, la acaudalada Alexandra Feodorovna Skypitzine , tuvieron que hacer parada forzosa en el pueblo e igualmente quedaron enamorados del lugar. Por cierto, se llama La costa azul por un libro de Stephen Liégeard del que nadie se acuerda.