Hechos y figuras
05 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Ella vale tanto para un roto como para un descosido. Que hay que impulsar la ley contra el maltrato, ahí está María Teresa Fernández de la Vega. Que hay que dejar de fumar para dar ejemplo, pues ella abandona el vicio de tantos años y caladas. Que hay que ir a Kenia para reforzar las relaciones políticas y económicas con el país africano, pues la vicepresidenta primera del Gobierno se apunta la primera en la lista de voluntarios. Y allí está ahora, intentando también potenciar proyectos de cooperación con uno de los lugares más castigados del planeta. María Teresa Fernández de la Vega estuvo ayer en Kibera, el cinturón de miseria que rodea a Nairobi. La película El jardinero fiel, en la que sale Rachel Weisz (a estas horas quizá ganadora de un Oscar), se desarrollaba en esta barriada poblada por casi un millón de personas. Quizá por eso han dedicado a Hollywood el cartel que cuelga detrás de la vicepresidenta, que parece que pasea por el bulevar de la fama de Kibera. Ella habló con sus gentes y caminó por sus calles enlodadas, ataviada con un vestido tradicional africano. Yo -y ahora me pongo en plan superficial- la única pega que veo son esas katiuskas que se gastó María Teresa. Vale que había barro, pero es que ella nos tiene acostumbrados a cuidar hasta el más mínimo detalle de su imagen y no me esperaba esas botas de goma en una de las ministras del Vogue. Claro que, aunque no lo aprecien, las katiuskas combinaban perfectamente con el resto de su atuendo. Esta chica rusa está cada día más española. Además de haber conquistado el corazón de Enrique Iglesias, Anna Kournikova va a dar la cara ahora por Mallorca. La bella tenista (lo de tenista es un decir, lo de bella es evidente) acudirá el jueves a la ITB, la primera feria de turismo del mundo, que se celebrará en Berlín, con la delegación del Gobierno de Baleares. Kournikova va a hacer lo que mejor sabe: vender su imagen. Anna ha sido la elegida para promocionar el circuito de golf Mallorca Classic 2006, uno de los más importantes en Europa. A sus 74 años, el diseñador Valentino dice que, simplemente, no puede parar. El italiano que tuvo como musa a Nati Abascal asegura que disfruta demasiado creando moda como para dejarlo. Y eso que lleva 45 años en el negocio y podía estar jubilado tomando el sol y saboreando unos martinis en alguna de sus lujosas villas. Bueno, eso ya lo hace sin dejar de trabajar. El caso es que ayer presentó en París su colección prêt-à-porter para el próximo otoño invierno y demostró que está en plena forma. No defraudó con sus diseños, que son sinónimo de elegancia, clase y sofisticación. Los trajes de noche rojo fuego y los lisos en blanco y negro llamaron la atención.