En directo Los 1.200 kilos extraídos de O Roncudo que la organización repartió desaparecieron en poco más de dos horas devorados por miles de turistas llegados de todas partes
09 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La paz de Corme (en plena Costa da Morte) se vio alterada ayer por una fiesta que arrastra cada año a miles de turistas con mucha más fuerza que los caminos de peregrinación. La meta era menos contemplativa y más carnal: probar los percebes de O Roncudo. La carretera presentaba un tráfico endiablado y en las matrículas antiguas predominadan las de Madrid. De camino hacia el centro del pueblo se notaba que algo anómalo ocurría. Había gente comiendo en las cunetas, en los maleteros de sus coches, en escaleras, descampados y, en general, donde hubiese un sito. No era el hambre, sino el deseo de catar el popular crustáceo el que llevaba a los visitantes a no esperar mesa. El pregón de la fiesta corrió a cargo del vicepresidente primero en funciones de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, luego se inauguró un monumento al percebeiro, pero la gente ya tenía puesto el ojo en las cocinas y ni el arte ni la política los retuvieron. Dos guardias de seguridad denotaban que allí se repartía algo importante. Concretamente, 1.200 kilos de percebes de O Roncudo. Para Feijóo, los mejores del mundo (¿dirá lo mismo de los de Cedeira?). En dos horas el rey de los mariscos voló de los platos y hubo que pasarse al pulpo. Dicen en la organización que este año estaban mejor que nunca. Los que llegaron a probarlos, parece, estaban de acuerdo.