Más de 80 millones de africanos podrían morir de sida hasta el 2025

Tatiana López corresponsal | nueva york

SOCIEDAD

Con ayuda exterior podrían salvarse 43 millones de vidas La ONU advierte que la epidemia se multiplicará por cuatro si no se actúa

04 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Más de 90 millones de africanos podrían contagiarse con el virus del sida en lo próximos 20 años si no se aportan más medios para combatir la enfermedad. Y de ellos, más de 80 millones podría morir. Las trágicas cifras las divulgó ayer la comisión para el sida de Naciones Unidas. Según un informe el número de infectados por el VIH en el continente africano, actualmente unas 25 millones de personas sólo en el África Subsahariana, podría multiplicarse por cuatro en los próximas dos décadas. Esto ocurriría incluso manteniendo las ayudas actuales y es la opción más catastrófica de las tres que se barajan en el informe titulado Sida en África: Tres escenarios para el 2025 . En el documento se trata de explicar cómo puede evolucionar la epidemia desde tres puntos de vista distintos. El primer apartado vaticina qué ocurriría si África se excluyera del proceso de globalización mundial y tuviera menos inversiones en su territorio. El informe advierte que el resultado sería devastador en un continente que ya tiene más de 11 millones de huérfanos por culpa de la enfermedad. La segunda hipótesis apuesta por que la sanidad africana aplique rígidas acciones para intentar frenar la epidemia a largo plazo, aunque sea con los recursos limitados de los que disponen. Si se cumpliera esta teoría 24 millones de personas podrían evitar infectarse con el virus. La opción más optimista se daría sólo si el sida fuera considerado como una «crisis excepcional que exige una respuesta excepcional». Para ello los países desarrollados deberían incrementar la ayuda exterior a África y mejorar los programas de ayudas sociales. Con estas medias se podría salvar la vida de 43 millones de personas en los próximos 20 años. El informe ha sido elaborado con proyecciones lo largo de dos años, un trabajo en el que han participado el Banco Mundial, Royal Dutch Shell y el Banco africano de desarrollo.