Saber y ganar

JUANCHO MARTÍNEZ

SOCIEDAD

02 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

NOS COSTABA sacarnos del subconsciente la imagen del empresario que nos imprimió allí dentro Chumy Chúmez: un hombre de chistera, fumando un puro y subido a un pedrusco que carga, como Atlas, un pobre currante en alpargatas. Durante los años 80 y buena parte de los 90, la prensa económica en boom tuvo como una de sus más altas misiones la de hacer ver al empresario, incluso al financiero, como creador de empleo y hasta como creador de riqueza : era bueno para la paz social y para la vertebración del país. Gestos como el cobro de comisiones en las donaciones para las víctimas del tsunami de Asia deshacen todo aquel trabajo y nos devuelven a viejas épocas y a tristes filosofías vitales que se resumen en la frase «la pela es la pela». La tarifa, sagrada, es la nueva tabla de la ley. Habría que incluir a estos bancos en el sector seguros, porque así es como están sus patronos ante toda eventualidad. En otras ramas de actividad no sé si hay más amor por la humanidad, pero sí se ve más inteligencia. Por ejemplo, en ese grupo de empresas de comida rápida que, ante la acusación clamorosa de que sus hamburguesas contribuyen a la obesidad general de Occidente, ha comenzado a regalar a sus clientes más comedores unos vales para ir gratis al gimnasio. Por un lado te inyectan el colesterol, por otro te dan la oportunidad de quemarlo. Al consumidor acorralado hay que darle salidas además de facturas. Eso es saber para ganar.