Otra literatura

LUIS VENTOSO

SOCIEDAD

VIDAS EJEMPLARES

04 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ALGUNOS intelectuales pasan de la literatura. Creen que tras los pulsos extremos de Faulkner y Joyce no cabe ir más allá. Todo está escrito y los autores actuales giran en la noria de lo ya dicho. Sin embargo la buena literatura ha encontrado nuevos acomodos, donde brilla de manera subterránea, secreta. Mucha de la mejor prosa actual se encuentra en la nevera (¿se han parado a leer la etiqueta de un bio-yogur?) y, sobre todo, en el wáter. El lavabo es ámbito de rutinas y soledades, por lo que el aficionado a leer acaba papándose la letra pequeña de todos los botes. Los textos suelen poseer alto vuelo lírico. El Neruda anónimo que escribe para desodorante Sanex se refiere al pestazo sobaquil con un delicioso eufemismo: «La flora subcutánea de tu axila». No acabamos de degustar este verso libre cuando reparamos en un espray contra los mocos; allí, otro talento oculto anota que las gotas «despejan la nariz de secreciones y restauran la humedad natural del apéndice». Un castellano elegante, exacto, que ya quisiera para sí la premio Planeta. En ocasiones, los botes se tornan didácticos. Así, el banal gel de la ducha nos regala una inesperada lección de botánica y cuenta que «la soja es una gran fuente natural de proteínas y contiene la mayor parte de los nutrientes esenciales». Pero el cénit poético del festín llega con la etiqueta del papel higiénico de dos capas, al que en hermosísima metáfora llaman «una doble caricia». ¿Quién será el Rimbaud de la celulosa?