El amor que nació entre el chapapote

Eduardo Eiroa Millares
Eduardo Eiroa CARBALLO

SOCIEDAD

ÓSCAR CASANOVA

Corrían tiempos especialmente duros para Galicia allá por el 2002. El mar no estaba para muchos más trotes, y hordas de voluntarios de medio mundo se acercaron a la Costa da Morte para ponerle las cosas en su sitio al Prestige . Aquella sustancia negra, maloliente y viscosa sirvió después como caldo de cultivo para realidades más amables. Jesús Cortés llegó al principio de la marea a Corcubión desde Málaga. Él formaba parte de la asociación Ecologistas en Acción. Él coordinó a los voluntarios que se metieron en aquel primer autobús lleno de limpiadores sin sueldo. Entre ellos estaba Montse Díaz, también malagueña. No se habían visto nunca y se conocieron personalmente casi casi en ropa de faena. Y saltó una chispa que afortunadamente no llegó a inflamar tanto chapapote como había. Los que sí se inflamaron fueron sus corazones. Tanto que en recuerdo y homenaje a aquel encuentro ayer se pasaron por Corcubión (también de modo voluntario) a darse el sí quiero. Oficiaba Rafael Mouzo, quien fuera alcalde durante aquellos delicados momentos. Dice Jesús que de aquel Prestige salieron más parejas: gallegos con voluntarios de fuera y también los voluntarios entre ellos. Al fin y al cabo, cuando se ponía el sol en las playas quedaba mucha noche por delante y mucho pabellón polideportivo en el que, por ejemplo, jugar a las cartas para ir conociéndose. La de ayer, que se sepa, fue la primera boda, pero no tendrá como fruto el primer bautizo. Ese mérito se lo llevaron hace unos meses dos voluntarios que se conocieron fregoteando en la arena de Fisterra. Al final, el Prestige deja también su saldo positivo. Ella, claro, se casó de blanco.