De llenar estadios a un prado en Meirás

La Voz

SOCIEDAD

JOSÉ PARDO

La banda más mítica del «heavy» español cobra ahora un caché pachangueiro. «No nos llamaron ni cuando lo del Prestige», lamentan

18 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Tres y pico de la madrugada. Anteayer. Cuatro hijos del heavy caen lasos sobre sendas sillas de playa que se encuentran en el interior sucio de una pequeña furgoneta rotulada: «Alquileres Hertz, desde 36 euros por día». Uno de ellos come patatas fritas serie B, tipo Carrefour; otro, un sándwich de chorizo de barra. Los de más allá fuman. El humo del tabaco se lo va tragando todo dentro del vehículo: el aire, la visión... Acaban de actuar ante un millar de personas en el campo de la fiesta de O Porto, un lugar de una parroquia (Meirás) de un concello modesto, Valdoviño, ubicado en la órbita de Ferrol. Han cobrado por ello 5.600 euros, o sea, un caché pachangueiro. En los ochenta, estos tipos vendían discos incluso en Japón, llenaban estadios. Entonces lo fueron todo y hoy languidecen. Se llaman Barón Rojo. Al poco de formar el grupo, entre 1981 y 1982, lanzaron al mercado dos joyas (Larga vida al rock and roll y Volumen brutal), grabaron en inglés, exportaron a Asia, triunfaron en Europa, lideraron las listas de ventas y hasta compartieron cartel con Iron Maiden... Del 86 en adelante, las cosas empezaron a marchar menos bien, en una imparable trayectoria hacia el declive actual. «No sabemos otra cosa» De la época fundacional, ya apenas quedan el repertorio, el espíritu y dos músicos: los hermanos de Castro. Claro que Carlos tiene ahora un poco menos pelo que antes y Armando ha perdido aquellas melenas pobladas, luce unas greñas estilo Juan Tamariz. Pero ahí siguen, subidos a los escenarios, moviendo las guitarras como antaño. «Es que no sabemos hacer otra cosa», explica el primero mientras el otro asiente con la cabeza. «Sí, las cosas han cambiado. Somos maduritos, la gente nos sigue menos... No nos llamaron ni para tocar cuando fue lo del Prestige», reflexiona Carlos. No obstante, continúan con su rollo antisistema: «La movida madrileña fue un invento del PSOE y de la beautiful people», «jamás habrá un Operación Triunfo que apueste por el rock», «a nosotros se nos negaron muchas cosas», «la gente que sale en las revistas sólo cuenta una sarta de sandeces»... En O Porto, el sábado brindaron buena música, mezcla de sus clásicos, versiones y temas propios de los últimos años. 16 horas y 1.100 kilómetros de carretera más tarde ofrecieron un concierto en Altura, un pueblo de Castellón, ellos, estos tipos que vendían incluso en Japón y llenaban estadios, Barón Rojo, los de la fragoneta.