04 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Justin Timberlake, un fulano famoso por haber conseguido que Britney Spears perdiera su virginidad, tiró demasiado fuerte o demasiado mal del vestido de Janet Jackson y una teta, (muy poco atractiva, por cierto) salió libre a la Superbowl o, lo que es lo mismo, al programa con más audiencia de la televisión estadounidense. La teta de la hermana de Michael Jackson se coló, por tanto, en uno de los momentos televisivamente más caros de todo al año y dejó estupefacta a una audiencia estratosférica acostumbrada a las estrictas medidas morales que rigen las televisiones de ese esquizofrénico país. De momento, la CBS, una de las cadenas más poderosas del mundo, ha tenido que pedir disculpas. Igual que Janet. El propio presidente Bush tuvo que salir por la calle del medio cuando le preguntaron y dijo que se había quedado dormido. Y, la última, es el anuncio de que la gala de los Grammy será emitida con un retardo de un minuto para evitar que se vuelva a colar en el programa un pecho sin invitación. Uno diría que los Estados Unidos son un país con un alto concepto de la moralidad, en el que cada actuación pública está perfectamente medida. Pero en realidad, sabemos que no, que adoran las armas y por eso las tienen metidas en todos los cajones; que se lanzan a la guerra un año sí y otro también; que están dispuestos a hacer dimitir a su presidente porque mintió sobre una felación, pero no les importa que les mienta en las razones para arrasar un país. Están tan rayados que prefieren ver la sangre de mil soldados antes que la teta de una mujer. Cuidado con esa gente. No son un buen ejemplo.