MEDIO FERRADO
11 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.COMO SI no nos llegara con las hazañas del fútbol gallego en Europa o con los éxitos de Iván Raña, Teresa Portela, María Abel y un etcétera cada vez más largo en toda clase de competiciones, las autoridades sacan a relucir sus artes sibilinas para incrementar el palmarés de Galicia y organizan unas olimpiadas propias en las que jugamos con ventaja: son las olimpiadas del marisco, programadas para el mes que viene. No hay datos todavía de las marcas mínimas que se exigirán, pero si la admisión es libre, hay aficionados en Cambados, en Aguiño, en A Guarda, en Cedeira o en Monelos que se lo van a poner difícil a los profesionales. Miren que es complicado desmontar un camarón. Pues conozco a alguno, con los dedos como toletes, que debullando camarones corría más que un croupier dando cartas, hasta hacer comentar a un andaluz: «!Hay que vé, que afisión tienen aquí a la quihquilla!». Comerse una nécora tiene más arte que desmontar una fotocopiadora, pero en cada taberna marinera hay clientes capaces de despiezarlas igual que si vinieran con cremalleras. Que se esmeren los equipos, porque los espectadores de la tierra saben del asunto, no vaya a haber invasión del campo y récord mundial de algún espontáneo. Sea como sea la competición, ya hay para alegrarse. En estos tiempos de hamburguesas y pizza, de comidas precocinadas y casi premasticadas, volvemos a recordar el ritual y el deporte de la mesa lenta y trabajada, esa en la que a los postres, más que ardores de estómago, lo que te da son agujetas en los manos.